"Gané mucho dinero al inflarme y decir que era el nuevo Induráin, no engañé a nadie, lo di todo pero no era tan bueno"
A Santi Blanco le ha perseguido toda la vida una famosa y lapidaria frase de José Miguel Echávarri, mítico director de Banesto que señaló que el ciclista salmantino iba a ser una leyenda y que "el Tour de Francia del año 2000 iba a ser de Blanco no de amarillo".
Con 20 años fichó por Banesto, todo apuntaba a que iba a ser un ciclista con un futuro impresionante. Le colgaron la etiqueta de ser el sucesor de Miguel Induráin. Llegó al equipo navarro el año que miguel ganó su quinto Tour y todos se frotaban las manos por su descubrimiento, pero su carrera fue un fiasco y en el Tour solo pudo acabar el 27 en su mejor participación y la décima plaza en la Vuelta a España de 1999 fue su mejor plaza en una gran Vuelta.
Un fichaje polémico por Vitalicio Seguros
A pesar de que su pobre currículum, fue un ciclista deseado y en 1997 se desató una enorme polémica al acogerse al decreto 1006 para abandonar Banesto y fichar por Vitalicio Seguros, que pagó 100 millones de pesetas de traspaso, una auténtica barbaridad para la época.
El ciclista salmantino tiene la conciencia tranquila, ya que no se ve culpable de nada lo que le rodeó: "Que se crearan muchas expectativas y me llamaran el nuevo Induráin en cosas me benefició y en otras me perjudicó. Me benefició en que gané mucho dinero gracias a eso y me perjudicó en que no cumplí con lo que la gente creía que podía hacer"
Santi Blanco reconoce que su fichaje por Vitalicio tras dejar Banesto de mala manera le generó ansiedad: "En Banesto nunca sentí presión con Echávarri pero en Vitalicio Seguros sí que sentí esa presión porque Javier Mínguez pagó mucho dinero por mi fichaje, fueron 100 millones de pesetas y ahí las expectativas eran más grandes y la presión también".
"Si no andaba no era porque no me cuidara"
Se ve como un ciclista honrado al que quisieron inflar de manera artificial: "Cuando me preguntaban porqué no conseguía mejores resultados siempre decía lo mismo. Si no andaba no sabía porqué era y no era porque no entrenara bien y no me cuidara. Más no podía hacer, no se me podía pedir o exigir más porque era peor para mí. La presión era aún peor".
No cumplir con las expectativas creadas le llevó a plantearse muchas preguntas: "Yo a veces le daba muchas vueltas para encontrar la respuesta a mi rendimiento pero tengo la conciencia tranquila, lo di todo pero no era tan bueno como la gente creía que podía haber llegado a ser. Desde los 20 años era la eterna promesa, que no ha llegado pero la vida es así, no es como uno desea sino como es la realidad".
Pese a que a los 20 años le veían como una futura figura mundial y no consiguió ni acercarse, no se arrepiente de nada: "Mi palmarés al final no fue muy rico pero hice algunas cositas de las que estoy orgulloso".