Así fue el insólito caos tecnológico que permitió ganar a Javier Romo en el Tour Down Under: "Joder no se escucha nada, ¿qué hacemos con el español?..."
"Joder, no se escucha nada, ¿qué hacemos con el español?". Así se manifestaba desesperado uno de los perseguidores del ciclista español Javier Romo un par de kilómetros antes de acabar la tercera etapa del Tour Down Under. El ciclista de Movistar terminó ganando esa etapa gracias a un insólito caos tecnológico que dejó patente la esclavitud del ciclismo profesional actual con el pinganillo.
“No se escuchaba nada, no nos podíamos comunicar con los ciclistas, no había cobertura y todo fue un desastre”, explicaba Mat Hayman, director deportivo del Team Jayco-Alula, nada más acabar la etapa en la que se impuso el ciclista español de Movistar.
Muchos de los directores deportivos que llevaban ciclistas en el grupo perseguidor de Javier Romo creen que la maniobra del español fue audaz y valiente, pero con cinco kilómetros de etapa restantes y solo cinco segundos de diferencia con el grupo perseguidor, la ausencia de cobertura de internet decidió la carrera.
Sin órdenes dd equipo los ciclustas no se ponían de acuerdo sobre qué hacer
Lidl-Trek tenía cinco corredores y un sprinter prometedor como Albert Withen Philipsen, UAE Team Emirates estaba allí con Jay Vine y un Jhonatan Narváez veloz y el Jayco-Alula de Hayman tenía números con Luke Plapp y Chris Harper. ¿Por qué nadie reaccionó? La respuesta está en las radios o, más bien en una clara falta de ellas.
No había señal en la pequeña ciudad de Uraidla, en las colinas de Adelaide, en el sur de Australia. Rodeado de eucaliptos y con solo el zumbido de la vida silvestre como ruido ambiental, el final de la tercera etapa del Tour Down Under se llevó algo que se ha vuelto crucial para la era actual de los ciclistas profesionales: la tecnología.
Lidl-Trek, por ejemplo, con cinco corredores en la final, no envió a ninguno de ellos al frente del grupo perseguidor para recuperar a Romo, a pesar de que el rápido Philipsen terminó finalmente cuarto en la etapa, una indicación de que tenía serias posibilidades de ganar la etapa. Según el equipo, las llamadas del director deportivo Kim Andersen no se pudieron escuchar por la radio de la carrera debido a la falta de señal. Los propios corredores no se pusieron de acuerdo para ponerse al frente ellos mismos.
"Teníamos cinco ciclistas persiguiendo compleamente paralizados sin la radio"
"El plan era que nos hubiéramos movido porque teníamos cinco muchachos allí que deberían haber trabajado, pero no lo hicieron. Así es, tendremos una pequeña discusión al respecto. No podemos dejar pasar eso, perdimos por cinco segundos con cinco muchachos allí. No puedo explicarlo, necesito ver lo que sucedió en la televisión pero todo se responde por la parálisis que supone que no lleguen las órdenes de equipo”, explica el director de Lidl-Trek
Este caso demuestra algo que defiende desde hace tiempo un mito como Bernard Hinault: "Los ciclistas actuales son como robots en muchas carreras. No saben improvisar, no tienen iniciativa, cuando se sienten fuertes no atacan si no les da permiso el director. Yo jamás aceptaría eso".
Mientras el grupo perseguidor no sabía reaccionar debido a la ausencia de comunicación con sus directores, Javier Romo hizo lo contrario. Tampoco tenía contacto con su coche de equipo así que decidió apretar al máximo y olvidarse de todo: "Mi equipo tenía mucha confianza en mí. Trabajaron bien para ayudarme hoy con el importante posicionamiento y en la final tenía buenas piernas. Lo intenté y salió perfecto. Tuve problemas con mi radio y se me estropeó el auricular, así que apreté hasta la final. A veces es mejor no tener información".