El ciclista madrileño explica los enormes sacrificios que realizaba para preparar un Tour, su esclavitud con la dieta para llegar "seco, seco, seco" y cómo muchos compañeros, incluído él, llegaban a derrumbarse en algunos momentos y arruinaban

Contador recuerda sus "crisis de hambre días antes del Tour en las que rogaba una onza de chocolate al masajista para comerla como un ratoncito"

El ciclismo profesional en la última década ha convertido a los profesionales en auténticos esclavos de la dieta. La relación vatios/kilo es la clave para ser competitivo y eso condiciona a los ciclistas profesionales a limar la grasa al máximo y buscar el peso más bajo posible manteniendo la potencia. Alberto Contador recuerda que ese sacrificio era inmenso y más cuando eres aspirantes a ganar el Tour de Francia.  

"Los sacrificios que se hacen con la comida como ciclista profesional son complicados de explicar con palabras porque la cuestión no es que a la ensalada le quites el aguacate, le quites el aceite al atún, las aceitunas, la yema del huevo y que comas solo casi lechuga después de un entrenamiento largo y duro y no bajas peso e, incluso, a veces, subes peso y no te lo explicas", recordaba el ciclista madrileño en una entrevista en el canal de Youtube de Valentí Sanjuán.  

La comida se convierte en una obsesión pero más aún cuando se acerca una gran vuelta: "Estás por la noche y piensas que mañana te tienes que pesar y que si bebes más agua de la cuenta mañana no das el peso y echas un pulso psicológico contigo mismo. Estás al límite y ves que no bajas y ves que los compañeros hacen ese mismo sacrificio y a los tres días caen y se meten más comida para conseguir energía. Ahí radica la profesionalidad y la capacidad mental para quedarte seco, seco, seco y estar al máximo nivel".  

"Para mí los 21 días del Tour era lo de menos"

El problema de lidiar con el peso se compensa con la búsqueda de un objetivo como es llegar preparado para poder aspirar a ganar una gran vuelta: "Es verdad que al líder ese sacrificio parece que le cuesta un poco menos porque tiene mucha presión, tiene que ganar sí o sí y no contempla ir a una gran vuelta si no es para ir a ganar, por eso en mi caso sabía que tenía que llegar óptimo a todos los niveles, tanto de entrenamiento como de finura. Tenía que tener todo controlado y el tema de la alimentación era tremendo".  

Alberto Contador recuerda con una anéxdota en una concentración en el Teide días antes de competir en el Tour de Francia lo duro que eran los bajones emocionales cuando el cuerpo pedía comida poco recomendable para un ciclista profesional: "Por ejemplo yo un año estaba en el Teide con cinco compañeros de mi equipo Trek y compartimos hotel con rivales del Tour como Froome o Nibali. Recuerdo que en la habitación del masajista siempre había cosas ricas para comer como galletas o todo tipo de chocolates y yo les decía que por favor no tuvieran esa comida a la vista para que no la vieran los compañeros, pero cinco días después me dio una crisis de hambre a las 10:30 de la noche, me acerqué a su habitación para pedirle una onza y comerla como un ratoncito y me dijeron que no había que se habían acabado hacía tres días".  

A Alberto Contador nunca le asustó el reto del Tour de Francia sino la manera de entrenarlo: "El sacrificio mental es el que cuesta y tienes que intentar jugar psicológicamente al límite. Para mí hacer los 21 días del Tour era lo de menos, lo duro era llegar preparado a la línea de salida".