Peio Ruiz Cabestany, estrella del ciclismo español en los 80, revela dos traiciones y un lado oscuro de Pedro Delgado por el que dejaron de ser amigos

"Descubrí que Pedro Delgado es tonto y prefiero mantenerlo lejos cuando intentó dejarme en ridículo comentando en TVE”

Peio Ruiz Cabestany recuerda con mucha rabia y dolor ese día en el que iba a ganar una etapa en el Tour de Francia y le obligaron a esperar a Pedro Delgado.

Peio Ruiz Cabestany sacó a la luz cuál fue la razón por la que se rompió su amistad con Pedro Delgado cuando ambos eran comentaristas del Tour de Francia en TVE. El ciclista vasco desvela que el segoviano no paraba de lanzarle pullas.

Nos distanciamos mucho después. Es ley de vida, un día descubrí que esa persona de la que he sido súper amigo me interesa más tenerla lejos que cerca. Nos pasa a todos. Vas eligiendo, vas siendo más selectivo con quién te merece la pena. Las órdenes de equipo no fueron un problema, el profesionalismo es eso, pero una vez retirados coincidimos los dos comentando el Tour en TVE y él se dedicaba a intentar dejarme en ridículo. Perico estaba con Pedro González en Francia y yo, con Jesús Álvarez en el estudio de Madrid. Ellos comentaban la etapa y nosotros sólo hablábamos cuando se conectaba con plató, el resto del rato teníamos los micrófonos cerrados. Perico lo sabía perfectamente, pero todos los días empezaba a decir: "Bueno, Peio, di algo, no tienes opinión de nada". Y Jesús y yo, sin poder entrar, nos mirábamos diciendo: "Este es tonto". Y también rajaba de mí dentro de la casa, cada día un puñal en la espalda. No querría competencia, no sé. Me di cuenta y, en vez de enfadarme, preferí separarme de él. Sin ningún trauma”, comenta el ciclista vasco.

La ‘jugada sucia’ en el Tour de Francia de 1985

Peio Ruiz Cabestany y Pedro Delgado eran amigos y compañeros en las filas del Orbea pero cambio tras la mítica y polémica victoria del segoviano en el Tour de Francia de 1985 en la etapa con final en Luz Ardiden. El segoviano siempre ha defendido que estaba hablado pero el vasco revela que eso es falso.

Es mentira y lo sabe. Salió de maravilla y el equipo ganó, pues muy bien, pero él atacó estando un compañero escapado porque le dio la gana, no se lo ordenó nadie. Muchos años después le pregunté a Perurena por qué me paró a mí y no a él y me respondió: "Porque contigo tenía más confianza. En fin, si no llega a acertar, le echan del equipo, pero ganamos y eso es lo que queda. Me impresionó mucho que, el día antes de fallecer, Txomin me llamó porque había leído una entrevista mía en El Diario Vasco hablando de esto y se empezó a justificar por algo que yo no le guardaba ningún rencor”, comenta el ex ciclista del mítico Orbea.

Peio Ruiz Cabestany recuerda con mucha rabia y dolor ese momento en el que le obligaron a esperar a Pedro Delgado y se puso a “a llorar como un crío”.

Mi compromiso con el equipo era tal en ese momento que la victoria disolvió mi cabreo y mi dolor, pero cuando lo piensas... Subí el Tourmalet eufórico, rodeado de gente, casi flotando... y lo bajé llorando porque, al coronar, Txomin me dijo que esperara a Perico. Me puse a llorar como un crío... pero le esperé. Fue una hostia de realidad, me sentía una estrella y me explicaron que era un empleado más. Con el tiempo analizas y, joder, qué mala leche, pero esa noche lo celebré como uno más porque, además, Perico era muy buen amigo mío”, comenta Ruiz Cabestany.

Peio Ruiz Cabestany, a pesar de obligarle el Orbea a dejar ganar a Perico, nunca vio al segoviano como un enemigo pero todo cambió pasados los años cuando ambos coincidieron como comentaristas en TVE.

No había rivalidad, lo que hubo fue una gran amistad, una verdadera. Perico era un tío inteligente con el que podías hablar de muchas cosas. Rompíamos con el prototipo del ciclista, que no tenía muy buena imagen en ese momento porque se consideraba que a dar pedales se ponía el que no servía para otra cosa o no tenía más intereses. Nosotros no éramos así. Perico es muy campechano, se expresa bien y cae bien a la gente. Yo tenía naturalidad, sabía hablar y no me cortaba cuando me ponían un micrófono delante. Estábamos los dos destacando en el mismo equipo y pasábamos muchas horas juntos. Luego la carrera de Perico fue muy grande y la mía se quedó más estancada, pero en esos primeros momentos fuimos una revolución y cambiamos la consideración del ciclismo en España. Entró la tele y, aunque íbamos sin casco y la muerte estaba presente en cada esquina, lo fuimos llevando a la modernidad”, comenta el ciclista vasco.

Fuente: El Mundo