El mítico director Cyrille Guimard, ganador de 7 Tour de Francia, defiende el uso de la tecnología pero considera que se ha olvidado "que el hombre es quien debe dominar a la máquina y ahora manda la zona roja..."

"Dichosas pantallitas, ¡si a un ciclista le digo que en tres segundos le voy a dar un tiro en el culo recibirá toneladas de adrenalina y hará récord de subida a Alpe d'Uez!, ese es el ciclismo que mata el potenciómetro"

El potenciómetro es una herramienta fantástica que está llevando a los ciclistas a un nivel superior en entrenamiento y competición, pero el mítico director Cyrille Guimard cree que hay que dejar de ser escclavo de los números y apelar al inconsciente de los deportistas.

Hablar de Cyrille Guimard es referirse a un mito del ciclismo profesional. Fue ciclista de elite pero donde verdaderamente destacó fue como director de equipo. Estuvo al frente de varios de los equipos más legendarios de la historia, sumó 7 triunfos en el Tour y entre sus pupilos y ganadores de la ronda francesa tuvo a leyendas como Bernard Hinault, Greg Lemond o Laurent Fignon.


Cyrille Guimard sigue muy vinculado al ciclismo con varios proyectos, defiende la tecnología y los cambios que eso ha provocado en su deporte, pero recuerda que el componente humano debe seguir primando y cree que los ciclistas deben rebelarse ante las máquina y ser dueños de sus esfuerzos en todo momento.


"Los coiclistas se han vuelto dependientes de la pantallita que les dice cómo correr. En competición, quizás a veces podrían llegar más lejos en su esfuerzo, pero sus piernas se cortan cuando descubren que han llegado a la zona roja en su ordenador. No soy hostil a los medidores de potencia pero estas deben seguir siendo herramientas de trabajo, que aprendemos a leer y posiblemente a desconectar para dejar espacio a nuestros afectos y emociones. En el deporte, el hombre siempre debe dominar la máquina…", apunta el mítico director francés.

"El inconsciente te hace hacer cosas asombrosas"

El legendario director insiste en que "debemos trabajar sobre el no consciente. Esto ayuda a regular el sistema endocrino. Como el inconsciente de los corredores está inhibido por la máquina, debemos crear una motivación externa para romper con esta dependencia. El inconsciente te hace hacer cosas asombrosas, ¿sabes? ¡Si te digo que en tres segundos te voy a dar un tiro en el culo, vas a recibir tres toneladas de adrenalina y vas a batir el récord mundial de la subida a Alpe D'Uez! La motivación natural debe tener prioridad sobre el sensor: se puede respirar, se puede sentir".


Guimard vivió la época más oscura del dopaje y cree que actualmente "lo que ha cambiado es el discurso. En los equipos ya no se habla de “preparación” –sinónimo de protocolo de dopaje–, ya ni siquiera se habla de vitamina C, vitamina K o hierro. Lo que hoy  obsesiona es el entrenamiento, los vatios que desarrolla un corredor. La investigación sobre medicamentos ya no es el centro de preocupación y eso es muy bueno".


El director francés no cree que el dopaje desaparezca porque el ser humano siempre va a buscar lo que le haga más fuerte, más rápido o más resistente: "En la antigüedad, los atletas tomaban sangre de buey para ganar la fuerza de un buey o comían cabra para saltar tan alto como el animal en cuestión. El dopaje es una práctica ancestral, una suma de creencias, una respuesta a inquietudes. ¿Cuántos productos son realmente eficaces en el rendimiento? Muy poco. Quienes lo utilizan quieren sobre todo resolver un problema de estrés. Ahora se intenta resolver algunas de las preocupaciones de los ciclistas de otra manera. Si están muy fuera de forma, ya no les obligan a correr como hace años, se les para y descansan. Lo que observo, a pesar de todo, es que han aparecido otras fuentes de estrés pero el dopaje siempre estará en la cabeza de algunos que buscan ventajas, eso está claro".