Reconoce que notó grandes mejoras de rendimiento y defiende que "Lance es el ganador legítimo de los 7 Tour de Francia que le quitaron"

El actor que hace de Armstrong reconoce que se dopó con EPO para meterse "mejor en el papel"

El primer trimestre de 2016 llegará a los cines españoles la película que relata el ascenso y la caída de Lance Armstrong. Al director Stephen Frears ('Alta fidelidad', 'La reina'), la vida del texano le pareció un argumento perfecto para un thriller moderno. Así que compró los derechos del libro 'Seven Deadly Sins: My Pursuit of

Lance Armstrong', de David Walsh (un periodista de The Sunday Times que durante años dedicó todos sus esfuerzos a desenmascararlo), y lo convirtió en la película 'The Program', que acaba de presentarse en el London Film Festival (en España se estrenará en el primer trimestre de 2016).   

 
 
 
En el papel de Lance estará el actor Ben Foster. Se trata de uno de los que profesan como actor del 'método'. Es decir, vive sus papeles desde la experiencia propia. Para un papel de vagabundo vivió varios días durmiendo en las calles. En el caso
de Armstrong decidió que debía empaparse con  horas de grabaciones, entrevistó a decenas de personas y se obsesionó con él hasta lograr copiar sus movimientos sobre la bici y su forma de mirar, hablar, sonreír y hasta respirar.
 
 
Sin embargo, una vez conseguidos imitar todos estos aspectos decidió dar un paso más y tomó al decisión de doparse con EPO. Lo ha confesado en una entrevista recientemente y asegura que no sabe si esas decisiones "mejoraron mi interpretación, pero a la hora de subir una montaña en bicicleta, te garantizo que las sustancias potenciadoras del rendimiento funcionan. No digo que lo recomiende, y sé que no es popular decirlo, pero... sí, las drogas funcionan”.
 
 
 
 
 
El actor defiende a Armstrong como el legítimo ganador de los 7 Tour d eFrancia que la UCI le quitó: "Es que es el ganador, al ciento por ciento. Olvídate de la moral y la ética, e imagina un escenario donde tienes que correr contra 18 tíos que dicen que no se están dopando, y todos están mintiendo. Lance Armstrong, sencillamente, lo hizo mejor durante siete años. No digo que sea correcto, ni ético, o que el deporte deba ser así, lo que digo es que competía en condiciones de igualdad. Mi opinión personal es que nuestra cultura odia al triunfador. La gente odia que ganara tanto dinero, la gente le odia porque creyeron que era Jesucristo sobre una bicicleta. Querían que fuera Jesucristo, creían que lo tenían, y se desvaneció. Y quieren torturarlo por eso. No estoy diciendo que sea un buen tío, pero ¿ganó esos siete Tours? Por supuesto. Al ciento por ciento”.
 
 
Foster tiene afinidad con Armstrong, al que señala como un egocéntrico pero que ha desarrollado grandes acciones para ayudar a otros seres humanos: “No te gusta porque era un gilipollas y a mí tampoco me gusta por eso, pero sí me gusta que con su poder recaudara un montón de dinero para la investigación y la concienciación sobre el cáncer. Fue un gilipollas con la gente que amenazaba su imperio, pero a la vez su imperio se encargaba de ayudar a gente enferma. No es ni víctima ni villano; las cosas no son blancas o negras. Yo he perdido a familiares y amigos por el cáncer, y sería capaz de hacer muchas cosas por traerlos de vuelta”.
 
Fuente: GQ y DDT