Cyrus Monk, modesto ciclista australiano del equipo Q36.5 Pro Cycling Team, llegó con el coche escoba a más de 48 minutos de Mathieu van der Poel, que dejó una media de leyenda a 47,85 kilómetros por hora

El farolillo rojo de la París-Roubaix 2024 rodó ¡dos kilómetros por hora! de media más rápido que en el triunfo de Fabian Cancellara en 2010

Cada vez se va más rápido en el ciclismo profesional. Un claro ejemplo es la media de velocidad del último en entrar en meta en la última edición de la París-Roubaix.

De los 173 ciclistas que iniciaron la edición 2024 de la mítica Paris-Roubaix acabaron 110, se retiraron 44, uno fue descalificado y 18 cruzaro la meta pero no contaron en la clasificación al entrar fuera de control.


De entre los 18 que entraron fuera de control el farolillo rojo fue Cyrus Monk, un ciclista australiano que no se rindió y cumplió con su sueño de acabar uno de los grandes monumentos del ciclismo. Lo más sorprendente es que, a pesar de acabar último a 48 minutos y 18 segundos de Mathieu Van der Poel, su media de velocidad fue sorprednente.


El ciclista del equipo Q36.5 Pro Cycling Team fue capaz de cubrir los 259 durísimos kilómetros de la París Roubaix a una media de 41.663 km/h, lo que significa ir ¡2,3 kilómetros más rápido! que Fabian Cancellara cuando ganó esta misma prueba en 2010 rodando a 'solo' 39.325 km/h, frente a los 41.663 del último de la edición 2024.

"Fueron los juegos del hambre"


La edición 2024 de la París roubaix ganada con una exhibición más de Mathieu van der poel fue la más rápida de la historia con una media de 47,85 kilómetros por hora. Es excelso estado de forma del ciclista holandés, un piso muy seco  y unas condiciones climatológicas muy favorables con mucho viento de cola permitieron volar al campeón mundial.

Cyrus Monk acabó último en una prueba que definecomo "los Juegos del Hambre. Todos en casa nos quieren ver sufrir. Cada sector es una especie de cañón que nos va matando. Por mí, ese fue el primer sector. Y después tuve 29 más de infierno".


El modesto ciclista australiano vivió de todo. Pinchazos, cortes y remar sabiendo que un vacío velódromo le esperaba. Con Van der Poel, lleno y celebración. Con el australiano de coleta y bigote, pocos. "Fue un día de infierno. Pinché en el primer sector. Tuve que cazar al grupo. Después sufrí dos pinchazos en Arenberg. Tuve muchos golpes a la llanta hasta que encontré a alguien feliz de darme las suyas. Muy agradecido con los que me esperaron en la carretera", recordó. Un recorrido de ayudar, esperar y cruzar la meta.