Miguel Indurain recuerda una etapa mítica del Tour de 1995 que hoy seguramente no sería posible repetir actualmente con un ciclismo tan controlado

"En aquellos tiempos mandabas tú mismo"

Miguel Indurain es el mito viviente de otra época del ciclismo. Una etapa en la que primaba la fuerza improvisada, con ataques desatados en momentos imprevistos y en los que la potencia era un concepto sin concretar. Esa época de libertad creativa es la que permitió al genio navarro conseguir gestas como la de la séptima etapa del Tour de 1995 en la que un ataque desatado por Johan Bruyneel fue seguido por el navarro y dejó allanado el camino para ganar su quinto Tour.

Esa manera de entender el ciclismo en la que era el ciclista quien decidía cuándo, cómo y dónde atacar según sus sensaciones dejó ese día sin respuesta al pujante ciclista ruso Eugeny Berzin. "En aquellos tiempos mandabas tú mismo. No había pinganillos. Los directores no podían decirte nada. Quería probarme: al día siguiente se disputaba la contrarreloj. Vi que saltaba Bruyneel y pensé en tensar la carrera. Hoy ya no se corre así", reconoce Miguel Indurain.

El pentacampeón del Tour señala el drástico cambio que se ha experimentado en el ciclismo pero prefiere obviar calificarlo como mejor o peor que el que él vivió:  "Hoy está todo más controlado. Los directores lo deciden todo. Los corredores hablan entre sí a través del pinganillo".

¿Qué ciclismo prefiere Miguel Indurain? Como todos los grandes deportistas de la historia tiene claro que habría competido al máximo nivel fuera cual fuera la época y las circunstancias que predominaran: "Me da igual un ciclismo u otro. Hay que adaptarse a los tiempos, a la tecnología, a las nuevas bicicletas. Yo lo hubiera hecho".