El trabajo con un mentalista pero, sobre todo, un método muy particular ideado por su mujer, en el que se incluía la prohibición de llevar su teléfono móvil al Tour, consiguió que el bicampeón del Tour pasara de ser un "manojo de nervios a un campeón"

"Hasta los 21 años Vingegaard vomitaba sin parar antes de competir, era un espanto, tenía mucho talento pero la presión le bloqueaba"

"Hijo, si te hace mal todo esto, ¿por qué no lo dejas? No tiene sentido”. Karina y Claus Vingegaard Rasmussen pelearon durante mucho tiempo para torcer la voluntad de Jonas Vingegaard, que no disfrutaba del ciclismo, de cada carrera. Muy lejos de eso. Lo atacaban los fantasmas, sus propios fantasmas, antes y durante las competencias.    

“Hasta los 21 años Viingegaard vomitaba siempre antes de competir, no toleraba la presión. Un espanto”, aseguraba el el director de su equipo ciclista antes de que llegara al Jumbo Visma. Todos veían un enorme talento en el pequeño ciclista danés pero por mucho que lo intentaba parecía incapacitado para poder rendir debido a sus graves problemas de ansiedad. 

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Cuatro años después todo parece haber cambiado para el chico que veía todo mal. ¿Cómo puede ser el mejor de su deporte una persona agobiada por el negativismo? Un caso de excepción, sin dudas.   

"Jonas lo pasaba fatal pero siempre me decía, mamá es que me gusta tanto...”, recordaba su madre cada vez que intentaban convencerlo de que probara con otra cosa que no fuera la bicicleta. Los vómitos, indomables, se repitieron sucesivamente en los albores de su carrera. Casi hasta los 21 años. Numerosas sesiones de terapia con un mentalista le permitieron superarlo, aunque jamás pudo despojarse de los nervios. Su vida profesional era un tormento. Entró en el equipo ColoQuick de categoría continental pero no le hicieron un contrato profesional. Los dueños del equipo le pidieron que entrenara y se buscara otro trabajo para poder vivir. Lo hizo: envasaba pescado en una fábrica. Hasta que su vida cambió para siempre. Fue cuando conoció a Trine Marie Hansen, su compañera, a mediados de 2018. 

"Era increíble, no podía dominarlo"

Apenas había ganado una carrera local el oriundo de Hillerslev, un pueblo de apenas 500 habitantes en donde todos, obviamente, lo conocen. No era un crack en potencia. Y no se despojaba de sus fantasmas. Sentía malestares inexistentes. Se imaginaba enfermo. “No puedo” era su frase predilecta. Atraía la mala fortuna, como cuando se fracturó una pierna en el Tour de los Fiordos, allá por 2017. Claro, todavía no la conocía a Trine. 

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“Cuando lo conocí a Jonas, yo tenía 32 y él parecía de no más de 14″, confiesa la mujer risueñamente, en un relato a L’Equipe. “Me parecía tan chico que ni lo lo miré. Pero él insistió tanto que luego de unos meses me rendí. No es frecuente conocer a tipos así, con un corazón de oro. Era muy tranquilo, nunca estaba de mal humor ni era exigente. No trataba de impresionar, como algunos. Eso me gustaba de él. Jamás pensó que se convertiría en un profesional del ciclismo. Es más, me dijo que quería ser banquero y entonces yo me imaginé como la mujer de un banquero”, agrega Trine.  

Christian Andersen, uno de los dueños del equipo ColoQuick de sus comienzos y que solía acompañarlo en las carreras, recuerda los malos momentos de Jonas Vingegaard: "Era increíble, no podía dominarlo. Antes de la salida de una carrera estaba temblando por todas partes. Siempre fue así; cuando sabía que podía conseguir un buen resultado, temblaba. Un año, el primero suyo en el equipo Jumbo-VISMA, se ganó el maillot de líder en la Vuelta a Polonia el día previo a la llegada. Me llamó para decirme que no había dormido en toda la noche, que no podía comer nada y que estaba muy nervioso. Que sabía que no lo lograría".   

El nacimiento de su hija fue el momento de cambio

Pocos apostaban por alguien tan inestable emocionalmente, y sobre todo, negativo. Hasta que llegó el año 2020. El de la pandemia. Un Tour especial, realizado en septiembre, ganado por el esloveno Tadej Pogacar en una definición inesperada ante Primoz Roglic, que era como el hermano mayor de Vingegaard, alguien en quien confiaba ciegamente, un consejero. Claro que Jonas no estaba en ese desenlace por un motivo especial: el nacimiento de su hija Frida. Vio el final del Tour por TV desde la clínica.

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El nacimiento de Frida impulsó a Vingegaard. Que en marzo de 2021 ganó su primera competición importante en la Semana Internacional Coppi y Bartali. Pero… siempre había un pero. Fue elegido para ser compañero de Roglic en la Vuelta al País Vasco y volvieron las presiones. Claro que ahora Trine estaba a su lado, y con Frida: "Hablamos mucho. Le dije que era normal estar nervioso y que no debía tener miedo de eso. Que en mi trabajo, antes de una reunión muy importante, también estaba muy tensa". 

Trine comenzó con la revolución interior. Durante años, las noches previas a las carreras, Vingegaard no podía dormir bien. Se despertaba antes de que amaneciera y se quedaba sentado en la cama durante horas y horas, pensando no en un plan de competición y en cosas lindas, sino en todo lo que podría salirle mal. “Sus pensamientos lo abrumaban. Me llamaba y me decía que estaba tan ansioso que no podía comer. Algunas veces fui muy dura con él. Era la única manera de hacerlo reaccionar, de hacerlo cambiar”, acota Trine.     

Su mujer le prohibió llevar su teléfono móvil al Tour

Se avecinaba el Tour de France 2022, la prueba en la que Vingegaard no podía ser atacado por sus viejos fantasmas. Trine le cambió las rutinas. Música al despertarse, tomarse las cosas de otra manera, con positivismo (aunque sea figurativamente), hablar más con sus mecánicos, tratar de divertirse en vez de saturarse con charlas monotemáticas de ciclismo. Y un último consejo: "Cambiá tu telefóno móvil. Llávate otro”. Jonas le preguntó cuál era la finalidad. La respuesta de su mujer lo convenció. ¿Qué le dijo? Que en una carrera como el Tour todos los familiares, amigos y allegados suelen mandar mensajes de aliento a toda hora, para preguntar qué pasó en tal o cual etapa, o cómo está físicamente, o si se siente favorito. “Necesitas estar con vos mismo, lejos de las presiones que te puedan poner terceros”. Vingegaard tenía claro de que sus oídos sólo estarían para escuchar a Trine, la voz juguetona de la pequeña Frida y, obviamente, a las principales referencias de su equipo.  
 

El abandono de Primoz Roglic planteó un escenario impensado: Vingegaard era el elegido del equipo Jumbo-VISMA para buscar la consagración. ¿Pero cómo llevar a cabo esa intención sin abrumar al muchacho de la inestabilidad aparentemente controlada? Nunca le dijeron que era el nuevo líder del equipo. Roglic, a quien siempre vio como una referencia familiar, le enviaba wasaps diarios sobre cómo manejarse en cada jornada de acuerdo con las características de la etapa. Pero nunca haciéndole sentir que estaba peleando por el título. Sólo dos días antes de la última contrarreloj le dijeron que Jumbo-VISMA iba a defender su segundo puesto, contó su primer jefe Christian Andersen.  

El resto es conocido. Se aseguró la victoria en la penúltima etapa, con un descomunal aporte de su compañero de equipo, el belga Wout van Aert, y Vingegaard le sacó una ventaja indescontable a Pogacar. De no mediar imprevistos, su ingreso en Champs Elysees sería el soñado por cualquier ciclista. En ese penúltimo día, algo había cambiado en la rutina: no necesitó llamar a Trine, con quien habló religiosamente luego de cada etapa. Su compañera desde hace cuatro años se apareció en la línea de llegada con Frida para compartir emociones. Jonas, con la bandera danesa en una mano, recibió una felicitación tras otra, incluida la de su compañero Van Aert, tan capacitado como él para ganar el Tour. Se había sacado los miedos que le impedían sacar todo su potencial. 

Vingegaard cuando habla  del pasado,no oculta sus padecimientos: "¿En qué cambié? Creo más en mí que antes, tengo más confianza en mí y he crecido, he madurado. Me han puesto ante situaciones complicadas, tenía tendencia a evitarlas. Me hicieron enfrentarme a ellas y crecimos poco a poco. Tengo algún pelo más en el pecho, si se puede decir”, bromeó. Sin olvidar a sus afectos. “Soy alguien que ama a su familia, adoro pasar tiempo con mis chicas en casa. Ellas son mis apoyos".