"Iba volando a 55,56 o 57 km/h; yo iba con un desarrollo 53/11...y quedándome...¡uff!"
"Ha volado, iba volando". Así se expresaba un joven Lance Armstrong en el Tour de Francia de 1994. Con solo 23 años, el maillot arcoiris de campeón del mundo y la cara desencajada, el ciclista americano explicaba lo que había sentido tras ser doblado y triturado por un 'extraterrestre' llamado Miguel Indurain. Hace unos días Armstrong volvió a recordar en una entrevista en su país que es la única ocasión en su carrera que se sintió "humillado deportivamente".
Lance Armstrong recordaba que ese día tenía una idea clara: "Mi objetivo antes de empezar era estar a la altura de Indurain, mantener mi distancia con él, pero estaba 'súper' ese día. La forma en que ese tío me ha pasado...y ha sido en parte la razón de que estuviera tan muerto al final, porque traté de igualar su velocidad e iba en llano a 55, 56 o 57 km/h, yo iba con un desarrollo 53/11...y quedándome...¡uff!".
Se cumplen 26 años de ese ingrato recuero del ciclista americano en la que fu una de las mayores exhibiciones jamás vista en una contrarreloj, la protagonizada por Miguel Indurain en Bergerac en el Tour de Francia de 1994 tras luchar contra el crono durante 64 kilómetros, una distancia impensable en el ciclismo actual.
Indurain rodó a más de 50 km/h
Indurain, que marchaba séptimo en la general a 30 segundos de Johan Musseuw antes de esta etapa, salió después de Lance Armstrong, Armand de las Cuevas y Tony Rominger. Tras los primeros 15 kilómetros el navarro del Banesto aventajaba en casi un minuto a Rominger y en el kilómetro 17 dobló al entonces campeón del mundo Lance Armstrong en una imagen que ya forma parte de la historia del ciclismo.
El líder del Banesto siguió ampliando las ventajas con sus rivales y en los kilómetros finales dobló al malogrado Armand de las Cuevas, quien fuese su compañero en el Banesto entre 1989 y 1993 y gran especialista contra el crono. Indurain llegó a la meta parando el crono en 1:15:58, 2 minutos mejor que Tony Rominger y promediando una velocidad superior a 50 kilómetros por hora. Desde ese día el navarro vestiría un maillot amarillo que ya no soltaría hasta París para conseguir el cuarto de sus cinco Tour de Francia.