"Induráin dice que nada, que eliminado, que no tiene fuerzas para subir los Lagos de Covadonga"
Lagos de Covadonga es una cima monumental en la que se han escrito grandes gestas de leyendas del ciclismo pero también han plasmado páginas negras de la historia de mitos del ciclismo. Una de las figuras que chocó frontalmente con esta montaña asturiana fue Miguel Induráin. A las faldas de esa ascensión en 1996 se inició el principio del fin de una brillante carrera que convirtió al genio navarro en uno de los mejores ciclistas de la historia.
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"Induráin dice que nada, que eliminado, que no tiene fuerzas para subir los Lagos de Covadonga". Así resumió Eusebio Unzúe la rendición del pentacampeón del Tour en la polémica Vuelta a España en la que nunca quiso estar y de la que salió de mala manera. Meses después anunció su retirada hastiado de un deporte que no supo entenderle en un último año lleno de problemas.
Se presentó cansado a una Vuelta en la que no quería competir, pero aun así intentó presentar batalla en las primeras etapas. Pero en la decimotercera etapa, la que unía Oviedo con los Lagos de Covadonga —159 kilómetros—, Indurain dijo basta.
"Su cuerpo dijo basta, pero se retiró compitiendo"
Cuando apoyó su bicicleta en la pared del hotel El Capitán, el cuentakilómetros del navarro marcaba 132,5 kilómetros, 41,3 kilómetros por hora de media y 3h 12m 5s de tiempo de carrera. Y es que el pentacampeón del Tour de Francia sabía desde el principio que no podría concluir la etapa. En las primeras rampas del Fito, el puerto anterior a los Lagos, Indurain empezó a rodar más lento y se colocó en las últimas posiciones. Su compañero de equipo Marino Alonso se colocó a su lado para apoyarle en la llegada a la ascensión del puerto más duro de la etapa. Pero el navarro observó cómo 50 corredores le dejaban atrás, por lo que tomó una decisión. “No iba bien y le dije a Marino que no me esperara más, que se fuera para adelante, que yo plegaba”, señaló el ciclista aquella misma tarde.
Indurain coronó el Fito a cuatro minutos de los primeros —el francés Laurent Jalabert ganó la etapa y el suizo Alex Zülle se afianzó como líder de la general— y se dejó caer en el descenso hasta que vio su hotel, al que se fue directamente.
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“Brindó al público español la oportunidad de que se despidiera en una competición. No pudo acabar la vuelta porque su cuerpo llegó un momento que dijo basta. Le hubiera gustado estar entre los mejores pero vio que no podía seguirlos y decidió retirarse”, señalaba el por entonces director de Banesto y actual gerente del Movistar, Eusebio Unzue.
Para Unzue, el principal motivo del abandono del navarro fue “la acumulación de fatiga y el cansancio que acusaba de la temporada y de todas las carreras que disputó”.
"Estaba pasando un proceso infeccioso"
Los Lagos era un recorrido duro. Era la etapa reina de aquella Vuelta a España de hace 16 años e Indurain no solo estaba cansado sino que padecía una sinusitis que se le fue agravando hasta convertirse en una bronquitis que se le juntó al desgaste físico. Así lo afirmó el médico-preparador del ciclista, Sabino Padilla. “Está pasando un proceso infeccioso que ha sido el factor determinante de su abandono en la Vuelta”, declaró Padilla dos días después de la retirada del navarro de la competición española.
Enfermo y desgastado. Así corrió Induráin la decimotercera etapa de aquella Vuelta, la última de su carrera. El exciclista Fernando Escartín estaba allí —acabó décimo al final de la competición—. “Los Lagos de Covadonga es un puerto duro, pero no el peor de todos. Sin embargo, cuenta con una llegada difícil que te desgasta”, cuenta. Escartín sabía que Miguel estaba cansado, aunque no se imaginaba que no finalizase una etapa. “Fue forzado por el equipo de la Vuelta, por eso no pudo acabar”, afirmó.
28 años después hoy Lagos vuelve a ser una etapa decisiva en la que Ben O'Connor intentará defenderse frente al empuje de Roglic, Mas, Landa y compañía.