Hoy arranca en el Tour las exigentes etapas de Los Alpes: José Miguel Echávarri, director deportivo de Banesto, explica cómo fue en esas montañas el peor día de la exitosa carrera del pentacampeón del Tour con una pájara descomunal

"Indurain ese primer día en Los Alpes en 1996 pedía agua, ¡sales, sales!, era una esponja, decía que tenía una nube en los ojos"

Hoy comienza la pelea en los temibles Alpes franceses entre Jonas Vingegaard y Tadej Pogacar. Puertos exigentes e interminables que pueden llevarte a la gloria o destruirte. A Miguel Indurain le pasaron las dos cosas en estas montañas de la cordillera francesa. Los Alpes fueron siempre su aliado en los cinco Tour que ganó pero le llevaron a su peor derrota en 1996, su último Tour y el más duro a nivel físico y emocional.     

Esa etapa se presentaba antológica, con retos del calibre de El Col de la Madeleine, el Cormet de Roselend y la estación de esquí de Les Arcs. Escollos de primer nivel que se debían encontrar los corredores en los 202 kilómetros que separaban la salida situada en Chambery, de la llegada en alto en Les Arcs. Ese día Miguel Indurain se volvió humano, mostró debilidades desconocidas y tuvo reacciones inesperadas como contó su director deportivo José Miguel Echávarri.   

A 4 kilómetros le cambió radicalmente la cara

A falta de 4 kilómetros para coronar Les Arcs  Indurain cambió radicalmente el gesto impertérrito habitual  y la carrera dio un giro de ciento ochenta grados. Lo impensable había sucedido. El ciclista navarro tenía la mirada perdida y se desesperó por primera vez en el Tour.        

En principio era una ascensión poco exigente y el propio Indurain lo reconocía el día previo: "Son 15 kilómetros no excesivamente duros (5,8%), si no fuera por la paliza anterior. Pero habrá alguna diferencia, se verá quién va bien y quién mal".     

Tras sus cinco victorias consecutivas en el Tour, nadie imaginaba que uno de los que iban a ir mal era él. Indurain perdió golpe de pedal y empezó a descolgarse ante la estupefacción general. “On laisse Indu­rain!”, gritó el comentarista. “¡Se queda Indurain!”. Cuentan que fue Rominger quien le desenmascaró, quien vio los síntomas en su cara y en su pedalada, y ordenó apretar a Olano.   

"Miguel entré en crisis"

"Miguel entró en crisis. Pedía agua, ¡sales, sales! Era una esponja”, reveló luego su director Echávarri. Rechazó los bidones que le ofrecieron Zülle y Bombini, técnico del Gewiss, pero se avitualló en zona prohibida y fue penalizado con 20 segundos.      

A la meta llegó con “una nube delante de los ojos”, según sle reveló a su director. La ‘pájara’ fue la explicación oficial, pero ni el mismo Indurain se lo explicaba: “Parece que fue por no comer, pero he comido bien y he bebido normal... Quizá la lluvia, mis músculos no van con el agua”. Perdió 4:19 minutos con el ganador, Leblanc, y 3:32 con el líder, Berzin.   

Ya no levantó cabeza. Y si continuó en carrera fue, seguramente, por respeto al homenaje que se le rindió en la 17ª etapa, el 17 de julio, en Pamplona.