La manera de enfocar las etapas contrarreloj del ciclista navarro era única hace 30 años y solo fue replicada en el Tour de 2020 por Pogacar con un éxito rotundo

La 'manía' de Indurain en las cronos que nadie se atrevió a copiar y le llevó a ser una leyenda en la especialidad

Miguel Induráin es para muchos el mejor contrarrelojista de la historia. El dominio entre los ciclistas de su generación fue tan insultante que no se ha vuelto a ver nada parecido en décadas posteriores. El ciclista navarro cimentaba sus triunfos contra el crono llegado a doblar a sus principales rivales y a especialistas de la talla de Lance Armstrong, como sucedió en 1994 en Bergerac.

El pentacampeón del Tour de Francia era el mejor y tenía sus manías en las cronos. La principal era es que se negaba a que le diesen referencias

“Yo en la contrarreloj lo que le decía al que me siguiese en el coche es que no me diesen ninguna referencia y que no me molestasen con ningún ruido. Además en mi época no había pinganillo como ahora”, comenta el ciclista navarro.

Induráin lo daba todo en las contrarrelojs y las referencias a él no le aportaban nada ya que no iba a ir más rápido por que le dijesen que sus rivales le sacaban tiempo, al revés podría hasta provocar el efecto contrario. El ciclista navarro sólo aceptaba que los metros finales le diesen alguna información, una función que hacían su masajista y el doctor Sabino Padilla.

“Cuando llegaba a la meta sí que tenía a mi gente, a mi masajista y a Sabino Padilla que sí que ya me daban las referencias”, comenta el pentacampeón del Tour de Francia.

La especialidad de Miguel Indurain era correr por sensaciones, no manejaba ningún dato, ni siquiera las pulsaciones. Iba a tope de principio a fin y nunca regulaba. En los 30 años posteriores a sus exhibiciones solo un ciclista se atrevió a replicar su método. Fue Tadej Pogacar en el Tour de Francia de 2020. El ciclista esloveno decidió ir sin ningún tipo de dato y sin referencias para competir solo por sensaciones llevando al límite a su cuerpo...y le salio tan bien como al gran Miguelón.