Hoy se disputa el primero de los grandes monumentos del ciclismo, una prueba que solo el ciclista cántabro ha ganado tres veces en los últimos 30 años

ÓSCAR FREIRE: "Gané tres veces la Milán-San Remo con peleas, codazos y gritos desde el km 1 al 300"

Hoy se disputa la Milán-San Remo, conocida como La Classicissima, el primero de los denominados "monumentos del ciclismo", junto al Tour de Flandes, la París-Roubaix, la Lieja-Bastoña-Lieja y el Giro de Lombardía. Un 'monumento' en el que acrecentó su leyenda como rey de las clásicas de Óscar Freire, un 'rara avis' en el ciclismo español, que hizo frente a las grandes locomotoras europeas que hasta entonces veían al ciclismo español como alérgico a las pruebas de un día. 

El tipo perfecto de ciclista para ganarla es aquel corredor con gran punta de velocidad para medirse a los mejores esprinters, pero capaz de soportar el fuerte ritmo que se imprime en las últimas subidas. Y en España tuvimos uno, el último gran dominador de la carrera y el único capaz de ganarla tres veces en el siglo XXI, el tricampeón del mundo Óscar Freire (1976, Torrelavega, Cantabria), que atiende a AS para dar las claves de esta particular prueba y recordar cómo fueron las tres victorias que forman parte de la historia dorada del ciclismo español. Tres gestas, que unidas a las dos de un pionero como Miguel Poblet (1957 y 1959), convierten a esta Milán San-Remo en el Monumento más español. 

"No es una prueba para sprinters, es mucho más"

¿Pero qué tenía Freire para ser capaz de ganar tres veces en esta carrera? Él mismo lo explica. “La Milán-San Remo era la carrera perfecta para mí, la que mejor se adaptaba a mis características. Una prueba que mucha gente la simplifica como que es para esprinters, pero es mucho más. De una tensión tremenda por ir siempre bien colocado, y que sus 300 km desgastan mucho. Uno no se da cuenta, pero que cuando llega la hora de esprintar es cuando se nota todo el cansancio en las piernas”, cuenta Freire, cuya historia en La Primavera va mucho más allá de sus tres triunfos. En sus 11 participaciones acabó… ¡10 veces en el top-10! 

Su primera vez fue en el año 2000. Recién proclamado campeón del mundo en Verona, el Mapei italiano le ficha con un objetivo principal. “Desde que llegué al equipo, se hablaba mucho de San Remo, era una de las grandes metas de la temporada. Y yo, recién llegado para eso y con el maillot arcoíris… ¡imaginen qué presión! ¡Si fuimos a reconocerla en helicóptero! Y luego entrenábamos en los últimos 60 kilómetros. Para mí todo era nuevo. No pude ganar, pero por lo menos me subí al podio”. Porque aquella edición del 2000 fue a parar al palmarés de otro histórico velocista, Erik Zabel, quien sería protagonista absoluto la primera vez que Freire tocó la gloria. 

“La clave está en no despistarse en ningún momento. En la televisión parece que es una carrera que vamos de paseo más de 200 km, pero la gente no se puede imaginar la tensión que hay desde el kilómetro 0 hasta el 300. Y luego, en la aproximación a la meta, cada posición es una pelea, codazos… Eso sí se ve por la tele, lo que no se escuchan son los gritos. Pero es que un descuido lo tira todo por tierra. Recuerdo la penúltima edición que corrí, en 2011. Iba en Le Maine el cuarto o el quinto del pelotón y, en una curva en el descenso, se me fue un poco la rueda, me caí, el coche no estaba cerca, me monté y la cadena no entraba… Llegué abajo con un minuto perdido y sin opciones”, recuerda el ciclista cántabro. 

"Mi mejor sprint fue el de 2002 cuando quedé quinto"

Todo lo contrario de lo que había vivido el año anterior, en 2010, cuando logró su tercera victoria. Un esprint majestuoso, en el que ganó con una autoridad aplastante. “¿Mi mejor esprint? No lo creo, en 2002, en la edición que ganó Cipollini y yo fui quinto, ahí sí que hice una gran llegada pero, claro, iba tan mal colocado... Por eso incido tanto en la tensión y en la pelea. Porque en 2010, creo que era Petacchi y el Milram se preocuparon por Tom Boonen, y ahí andaban los dos peleados. Mientras tanto, a mí me dejaron tranquilo para que me colocara bien. Es una de las mejores victorias de mi carrera, pero no mi mejor esprint”. 

Unas victorias que en la afición española de la época, para la que los héroes eran los grandes escaladores, no tuvo la repercusión que hubiera tenido en otro país. Algo que Freire también sintió años después. “Me alegro de que ahora las clásicas se sigan más, todas son televisadas en España… aunque me molesta un poco no poder haber vivido eso. En mi época la gente en España no podía ver algunas de aquellas clásicas. Pongo un ejemplo. La Flecha Brabançona, que soy el único que la ha ganado tres veces consecutivas. Cuando yo era ciclista… ¡ni la conocía! A España no había llegado esa carrera nunca. Y no sería porque no tuviera un buen palmarés: Merckx, De Vlaeminck …”.