La grave caída de la segunda etapa con 30 implicados que llevó a seis retiradas dejó sin asistencia sanitaria al pelotón pese a los graves riesgos que suponía la carretera mojada y resbaladiza

El pelotón acusa a los organizadores del Giro de poner en riesgo su vida por pensar solo en el negocio "Sin ambulancias y el director sacó la cabeza como un perro asustado y..."

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El Giro de Italia decidió que el negocio era más importante que la seguridad de los ciclistas y se negó a neutralizar el final de la segunda etapa pese a no contar con ambulancias en ese tramo.

La segunda etapa del Giro de Italia provocó una indignación general entre los componentes del pelotón profesional por la reacción de los organizadores, al permitir que la etapa siguiera hasta el final pese a que a solo 23 kilómetros de meta se produjo una grave caída que llevó a 30 ciclistas al suelo y provocó la retirada de seis ciclistas.

 

En la parte final de la etapa,  la carretera, resbaladiza y peligrosa dondeincluso los autobuses de los equipos patinaban, se produjo una peligrosa montonera en la que  algunos ciclistas incluso terminaron por encima de la barandilla. Las bicicletas volaban por todas partes.

Buitrago, Kelderman, Strong, Van Gestel, Yates, Soler y Vine estuvieron entre los involucrados fueron los más perjudicados. Los dos últimos fueron las principales víctimas. Ambos ciclistas de UAE fueron trasladados al hospital, mientras que su compañero  Adam Yates terminó la etapa, pero quedó a más de trece minutos del ganador, 

 

A partir de ahí se sucedieron una serie de decisiones de la organización que dejaron perplejos a los ciclistas y provocaron la indignación general, al no entender cómo en esas condiciones se permitía continuar con la competición. La etapa solo quedó neutralizada durante cinco kilómetros pero después continuó con total normalidad.

"Aun quedaba un descenso peligroso"

 

Varios ciclistas, como Stuyven, Campenaerts, Vingegaard, Ganna y Milan, hablaron con los oficiales de carrera durante la neutralización para que se diera por acabada la etapa en su modo de competición pero la organización hizo oídos sordos.

Posteriormente, Stuyven criticó duramente al director de carrera. "No tenía sentido seguir compitiendo. Ya no había ambulancias. Pero aún quedaba un descenso que podría haber sido peligroso".

"Tras aquel accidente, queríamos neutralizar los tiempos de la clasificación general para que los más intrépidos pudieran seguir luchando por la victoria de etapa, pero sin correr riesgos innecesarios en el siguiente descenso. El director de carrera dijo que lo estaban estudiando. Acto seguido, asomó la cabeza por la ventanilla como un perro asustado, empezó a ondear su bandera y gritó «¡carrera!». Para enseguida volver a meter la cabeza dentro del coche"

El ciclista belga no entiende que se corriera ese riesgo: "Con el asfalto tan mojado y yendo a alta velocidad si hubiera habido otra caída habría sido un desastre"..

El ciclista del equipo Soudal asegura que todos estaban de acuerdo en neutralizar la etapa pero la organización se negó: "Tras aquel accidente, queríamos neutralizar los tiempos de la clasificación general para que los más intrépidos pudieran seguir luchando por la victoria de etapa, pero sin correr riesgos innecesarios en el siguiente descenso. El director de carrera dijo que lo estaban estudiando. Acto seguido, asomó la cabeza por la ventanilla como un perro asustado, empezó a ondear su bandera y gritó «¡carrera!». Para enseguida volver a meter la cabeza dentro del coche".