Pogacar decidió copiar el 'modelo Indurain' para llegar a su límite de potencia en la contrarreloj final del Tour
Hubo un tiempo que un tallo navarro de 1,90 y 78 kilos empujaba con una potencia descomunal sus pedales y solo por sensaciones conseguir desplegar una cantidad exagerada de vatios. Nada medía la potencia y esa falta de tecnología hacía que buscara sus límites sin saber si su cuerpo explotaría en algún momento por llevar el esfuerzo a una frontera peligrosa. Miguel Indurain ejerció un dominio dictatorial en las contrarreloj exprimiendo su cuerpo a tope, sin líneas rojas en forma de medidar de potencia o de frecuencia cardiaca. Volaba y desarrollaba una fuerza demoledora.
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Ese 'modelo Indurain' de entender el desarrollo de una contrarreloj parecía perdido para siempre...hasta que llegó Tadej Pogacar. El sorprendente ganador del Tour de Francia con solo 21 años sorprendió a todos cuando decidió competir en la contrarreloj decisiva del Tour sin ningún tipo de tecnología que midiera vatios y frecuencia cardiaca.
El único de todo el pelotón
El ciclista esloveno fue el único competidor en esa durísima contrarreloj final del Tour de Francia que decidió eliminar de su bicicleta el potenciómetro y que no llevó la banda de frecuencia cardiaca en su pecho.
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Pogacar, a pesar de su rabiosa juventud, decidió seguir a la 'vieja escuela' del ciclismo. Esa que lo fiaba todo a las sensaciones, que sentía como los músculos explotaban, el ácido láctico ardía y los vatios se disparaban. Ese 'modelo Indurain' fue una de las claves del éxito de Tadej Pogacar en la contrarreloj final porque el esloveno no quiso conocer esos datos para no limitar su potencia. Prefirió que fuera su cerebro quien decidiera empujar un poco más y no contenerse al apretar sus pedales.
Decidió que los límites los pusiera su cerebro
La táctica le salió perfecta y consiguió de esa manera un espectacular récord en los casi 7 kilómetros durísimos de La Planche des Belles Filles, donde batió por dos segundos el récord establecido por fabio Aru, teniendo en cuenta que al cambiar de bicicleta en el comienzo del puerto perdió cerca de 24 segundos.
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La renuncia a estos datos abre al ciclista a dejarse llevar por la emoción de la ocasión y la adrenalina de los faficionados que gritan a su lado, lo que puede hacer que se queme demasiado pronto. No llevar medidores puede provocar que se entre en números rojos demasiado pronto, especialmente durante una contrarreloj que termina en un puerto de primera categoríao. se puede desencadenar el desastre, pero en el caso de Pogacar ocurrió a la inversa, el medidor de potencia podía haberle frenado y las sensaciones le hicieron buscar sus límites sin alarmas tecnológicas.