Ruiz Cabestany: “Miré para atrás y los vi esprintado como hienas”
Peio Ruiz Cabestany fue uno de los grandes del ciclismo español en la década de los 80 y principio de los 90. El corredor donostiarra rozó el podio en la Vuelta a España en dos ocasiones pero su mayor logró llegó en el Tour de Francia.
Ruiz Cabestany no tiene dudas que el su mayor éxito llegó cuando ganó la etapa con final en Evreux en el Tour de Francia de 1986, una gesta que siempre será recordada ya que el pelotón se quedó a escasos metros de darle caza y no pudo ni levantar los brazos. El laureado ciclista español recuerda este momento en una entrevista concedida a ‘Noticias de Navarra’.
“Yo iba muy castigado, había gastado mucho durante los kilómetros previos. Faltando unos 100 o unos 200 metros, miré hacia atrás y vi a todos los velocistas esprintando como hienas. Tuve que apretar para ganar y, sinceramente, no sé cómo lo hice. No sé de dónde saqué aquellas últimas fuerzas. Tengo el recuerdo de haber puesto mi cuerpo en una situación límite, sentado sobre el sillín porque ya no podía ni ponerme de pie. ¡Si gané y ni levanté los brazos!”, relata el ciclista donostiarra.
Ruiz Cabestany no tiene dudas que ganar en el Tour de Francia es algo especial ya que es hacerlo en la primera división del ciclismo y en la mejor carrera.
“Es el triunfo que guardo con más cariño porque el Tour es la primera división del ciclismo. Está por encima del resto de carreras y del resto de grandes vueltas, por repercusión y también por nivel. A Francia no va nadie a preparar otra prueba o a ver si suena la flauta. A Francia va todo el mundo en su mejor momento y con la perspectiva de hacer un buen papel. Se nota en el pelotón, sobre todo durante la primera semana”, comenta Ruiz Cabestany.
Ruiz Cabestany destaca que una de las cosas que hacen diferente al Tour de Francia con el resto de carreras es que tiene presión en cualquier etapa y que desde el comienzo de va a tope.
“En el Tour lo que destaca es la velocidad. Recuerdo que en los tramos de llano se iba a mil. Ahí asomabas un poco el morro y enseguida ibas para atrás en el pelotón: “¿Pero esto cómo puede ser?”, te preguntabas. Después, con el paso de los días y la llegada de la montaña, todo se relajaba un poco más y podías dejarte ver más fácilmente”, comenta el ciclista donostiarra.
Fuente: Noticias de Navarra