Marc Roig, fisioterapeuta de Eliud Kipchoge, revela un aspecto que diferencia por completo a estos atletas y les proporciona un extra de energía que es muy difícil que puedan copiar atletas que han crecido fuera de Kenia

"La comida de los atletas keniatas es monotonía pura y dura, pocos europeos lo aguantarían, pero para ellos es fácil, lo llevan haciendo desde que eran niños"


Quienes conocen a Kipchoge le describen como un hombre de ideas claras, maestro en táctica y técnica, perseverante hasta el exceso: cualidades que hacen que a sus 34 años, y tras haber ganado el Campeonato del Mundo en París con tan solo 18, todavía se mantenga en el cenit de su carrera.

"No creo que sea diferente a los demás", se dice a sí mismo Kipchoge, quien tan solo ha sido derrotado en dos ocasiones en toda su carrera. "Simplemente establezco mis prioridades de la forma adecuada", simplifica.

Su única prioridad es seguir siendo competitivo en maratón con 36 años,para lo que, siempre con buen rostro y dispuesto al máximo sacrificio-, se levanta cada día a las 5:45h de la mañana, se entrena incluso los domingos y solo ve a su familia, que reside en el municipio colindante de Eldoret, los fines de semana.

El resto del tiempo convive con otros atletas del equipo NN Running en el campamento de Kaptagat, donde las habitaciones son dobles y "ni tan siquiera hacen falta los cuchillos", como explica a Efe Marc Roig, fisioterapeuta del equipo, "porque siempre se come lo mismo".

"Arroz con alubias por el almuerzo e ugali (masa de maíz muy habitual en Kenia) con carne o vegetales por la noche. La comida de los atletas keniatas es monotonía pura y dura, pocos europeos lo aguantarían,pero para ellos es fácil, lo llevan haciendo desde que eran niños en sus casas", describe Roig.

"Tiempo humilde pero vital"

Para Kipchoge el campamento en el que pasa la mayor parte de su tiempo "es humilde pero vital", pues le permite conocer de cerca y progresar junto a su entrenador y el resto de compañeros.

"El maratón ya no es visto como un deporte individual. El equipo está ahí y gracias a la ayuda de las 'liebres' seré capaz de romper la barrera de las dos horas", añade el apodado como "el filósofo" por su pasión por la lectura y su temple calmado.

"Hay que creer en uno mismo, esa es la clave del éxito. Es por ello por lo que siempre digo que ningún ser humano tiene límites. Para ello hay que trabajar muy duro, son sacrificio no hay recompensa", señala Kipchoge.