Braden Currie, uno de los grandes de la larga distancia, explica cómo encontró su verdadero potencial tras limitar radicalmente los carbohidratos

Una estrella ironman recuerda los brutales efectos en su cuerpo del exceso de uso de carbohidratos

El triatleta Braden Currie, séptimo en edición 2019 del Ironman de Hawaii y uno de los grandes de la larga distancia, se crió en una granja en Canterbury, Nueva Zelanda, por lo que su dieta está influenciada por esta experiencia. La alimentación se basaba en carne y verduras. Aunque quizá en aquella época no se vio como lo mejor para los atletas de resistencia, ahora este tipo de comida se está poniendo de moda. En la actualidad Currie utiliza la dieta paleo, además de ingerir pocos carbohidratos y bastantes grasas. De alguna manera podríamos decir que está volviendo a sus raíces.

¿Cómo es tu dieta paleo?

Mi dieta es bastante sencilla, suelo ingerir muchas comidas de estilo paleo. Por la mañana tomo un batido con muchos nutrientes ricos en proteínas a lo que añado muesli de paleo. Al mediodía toca ensalada por lo general con proteínas. La cena es parecida con algún tipo de carbohidratos de origen vegetal, por ejemplo verduras asadas: batata, calabaza, remolacha…

¿Cómo era tu dieta cuando empezaste?

En aquella época era una dieta alta en carbohidratos, tanto durante el entrenamiento como los días antes de una carrera. No pensaba mucho en mi nutrición pero comía alimentos bastante naturales y saludables. En la cena solía caer carne y verduras. Abusaba del muesli y del pan durante el desayuno y a lo largo de todo el día.

¿Por qué volviste a la dieta de paleo, pocos carbohidratos y bastantes grasas?

Hace unos años hice unas pruebas metabólicas con la Universidad de Tecnología de Auckland. El resultado puso de manifiesto que estaba abusando de los carbohidratos. Quedó claro que si corría con mi intensidad normal iba a explotar porque no podía digerir suficientes carbohidratos. La prueba indicó que estaba usando casi el 100 por cien de los carbohidratos cuando corría al 71 por ciento de mi capacidad, es decir, a 14,1 km/h. Estaba compitiendo en muchas carreras de larga distancia y pensando en hacer mi primer IRONMAN. Ahí empezó el proceso para cambiar mi dieta.

¿Fue largo el periodo de transición?

No cambié hasta que pasé cinco semanas en Tahoe para entrenar de cara a la gran carrera del año, el XTERRA. Toda mi familia había viajado hasta allí para que yo entrenase, por lo que no podía estar con tonterías. Mi mujer es la primera que siempre me recuerda que tengo que cumplir en todo para así poder alcanzar el máximo rendimiento del que soy capaz. Tiene muchos conocimientos de psicología y nutrición, por lo que no la puedo ignorar.

¿Qué notaste al cambiar la dieta?

La clave fue que noté que tenía energía de una forma más constante a lo largo del día. Además empecé a poder entrenar durante más tiempo sin tener que comer. Sentía menos hambre. Mi cuerpo se sentía mejor y la lesión que tenía en la pantorrilla pareció desaparecer por completo. Por ello estaba entrenando más que nunca y me sentía muy bien. También estaba durmiendo bien, incluso en altura.

¿Estás contento con los cambios?

Han pasado casi tres años y no me he vuelto a hacer pruebas para ver si hay un cambio metabólico. Estoy contento con este enfoque en lo que a la nutrición se refiere. Sé que me va bien, tanto para el entrenamiento como la carrera.

Fuente: Red Bull