Horacio Peñaloza fue víctima de un insólito incidente que le llevó "sufrir dolores horribles" que se acabaron gracias a la suerte de encontrar al alguien con esa herramienta que pudiera salvarle

Gana un ultratrail de 100 kilómetros gracias a los alicates de un voluntario: "Llevaba 50 kms viviendo un infierno con las zapatillas, gracias a él pude seguir"

El trail running se corre por entornos naturales que a veces ofrecen trampas que pueden generar graves problemas. En argentina un corredor de montaña de elite vivió un infierno a causa de una espina. A pesar del problema, fue capaz de llevarse el triunfo.
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Horacio Peñaloza tiene ahora el pie completamente vendado y tiene que guardar reposo. Esta es la consecuencia de una 'locura' el pasado fin de semana cuando participó y ganó el ultratrail Desafío Punta Negra de 100 kilómetros con una inmensa espina clavada en la zapatilla que le hizo cojear y sangrar durante "50 infernales kilómetros".

 

A pesar del dolor intenso y de la incapacidad para correr con una buena técnica, el corredor de montaña argentino decidió no retirarse y mantuvo un buen ritmo que le permitió debutar con triunfo en esta distancia.

El inesperado problema en la zapatilla llegó en el kilómetro 20, cuando una espina quedó incrustada dentro de la zapatilla y empezó a clavarse directamente en el metatarso del dedo gordo. A partir de ahí, cada piedra y cada irregularidad del terreno se transformaron en una descarga de dolor.

“Paré dos o tres veces para intentar sacarla con piedras, con la pinza chiquita que llevaba, pero no había forma. Veníamos palo a palo con Franco Oro y era morderse la lengua y seguir”, explica el corredor.

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"Por suerte tiene una pinza grande"

 

Tras 50 kilómetros de sufrimiento, en un puesto de avituallamiento tuvo la suerte de encontrar a un voluntario que tenía unos alicates:  “Por suerte tenían una pinza grande. Yo ya les decía que si tenían que romper la zapatilla, la rompieran, pero que sacaran eso porque no lo aguantaba más. La media ya estaba llena de sangre”.

 “Por suerte tenían una pinza grande. Yo ya les decía que si tenían que romper la zapatilla, la rompieran, pero que sacaran eso porque no lo aguantaba más. La media ya estaba llena de sangre”

En los 40 kilómetros en los que fue incapaz de sacar la espina de su zapatilla, lo peor llegaba cuando había que atravesar un río seco lleno de piedras y arena, donde cada paso se volvía insoportable: “En la arena zafaba porque amortiguaba un poco, pero cuando pisaba una piedra era terrible. De ida más o menos lo soporté, pero la vuelta fue durísima”.

Al dolor del pie se unió un nuevo hándicap. En el kilómetro 40 su estómago ya no aceptaba geles y comenzó a devolverlos y tuvo que improvisar sobre la marcha para seguir alimentándose: “Llegó un momento en que no me pasaba nada. Ahí tuve que bajar la intensidad, empezar a comer gomitas, membrillo, lo que encontraba en los puestos. Yo siempre corro con geles y llevaba más de 20, pero hubo varios que terminaron volviendo conmigo”.

Horazio Peñaloza sufre ahora las consecuencias de su 'locura' al aguantar un fortísimo dolor en su pie, pero la felicidad por el triunfo le hace dar por bueno esos momentos tan duros: "Cuando lo recuerdo me estremezco pensando en el dolor y no sé ni cómo pude aguantar pero lo conseguí".