Irene Pelayo es otro caso exceocional de longevidad en la elite del maratón y su siguiente objetivo es competir con 44 años en los Juegos Olímpicos de París

"Gané con 43 años el Nacional de maratón, me duché, comí en el hotel y cogí el coche para recorrer 400 kms hasta Santander y trabajar el lunes"

Irene Pelayo hace una década no se veía corriendo maratón. No era una distancia que le atrajera, pero los tiempos cambian una barbaridad y con 43 años ya no es la misma atleta que con 30. Ahora ama la larga distancia, la disfruta y tiene el honor de haberse convertido en la mujer de más edad en ganar el campeonato de España de maratón.

 

"Nunca había sido campeona de España y me ha hecho mucha ilusión. En este deporte hay que ser constante y trabajador", explica la atleta cántabra en una entrevista con el Diario Montañés.

El pasado domingo fue un día de enorme alegría para Irene pero también agotador, ya que nada más acabar la prueba y con un cansancio considerable no le quedó más remedio que subirse a su coche y conducir más de cuatro horas para recorrer los 400 kilómetros por carretera que separan Zaragoza de Santander: "Fue ducharme, comer en el hotel y coger el coche".

 

 

A sus 43 años llegaba como favorita a la Maratón de Zaragoza. Nunca había ganado el título, pero, ¿se veía campeona?

Para ganar una maratón hacen falta muchas cosas. Son muchos kilómetros y nunca sabes lo que te puede pasar, pero iba con la mejor marca y sí que creía que, si no me pasaba nada, sería campeona.

¿El título la recompensa en cierto modo por esa ausencia en los Juegos de Tokio, para los que tenía la mínima en las piernas pero de los que se quedó fuera?
 

Bueno, sí. El deporte tiene dos caras, una buena y una mala. A veces no consigues el objetivo y otras sí. Aquello fue una decepción, pero yo estaba satisfecha conmigo misma porque sabía que estaba para hacer la mínima. Lo que me pasó fue que el gel cafeína que tomé en el kilómetro 35 me sentó mal y en el 38 tuve que parar. De no ser por eso, habría hecho la mínima. Me resquemó, claro, pero te adaptas, porque ni puedes hacer nada ni tienes que justificarte por nada. Fue culpa del gel, porque yo iba bien preparada. Tocó aceptar lo que había.

Pero a muchas personas esa mala suerte las puede desanimar, más a una atleta veterana.
 

-Al contrario. Hizo que siguiera entrenando más fuerte. Sabía que podía hacer la mínima olímpica y de hecho al año siguiente la conseguí: 2.29.16. Eso queda para mi.

 

Lo suyo es un triunfo a la perseverancia...

Sí; me gusta lo que hago y por eso sigo. Y luego que el cuerpo me responde, porque a estos años tiene que responder; no es como cuando tienes treinta y se recupera de todo antes.

¿Se imaginó alguna vez ser la campeona de España de maratón?
No, no. Y menos en maratón, porque siempre he tenido no miedo, pero sí un gran respeto a la distancia.

¿Y cómo se decidió a dar el salto a la gran distancia?
Un día con mi entrenador Carlos Díez. En 2017 ya fui campeona de media maratón en Granollers y, al año siguiente, el grupo de entrenamiento me animó a hacer una maratón. Me animé en 2019 en Valencia y la verdad es que me fue muy bien. Debuté con una maratón, 2,23, me gustó y desde ahí han venido una tras otra.

¿Le queda cuerda para rato?
Yo creo que sí. Si me respetan las lesiones y soy constante en los entrenamientos, eso creo.

El atletismo le debe participar en unos Juegos Olímpicos. ¿Se ve en París dentro de poco más de un año?

Sí que me gustaría. Es muy difícil, pero por intentarlo, que no quede. Eso lo tengo claro.

¿Y después, qué?

Seguir ahí, en el atletismo, pero en otra facetas.

¿Y qué balance hace después de tres décadas en el atletismo?
 

¿Balance? ¡Madre mía! Es difícil. Que he ido progresando con los años y que tengo ganas de seguir.

 

Pero desde su perspectiva de atleta profesional, ¿observa que cada vez es más complicado vivir de este deporte?

Yo he vivido otras épocas. Hace veinte años era relativamente más fácil vivir de ello. Ahora, económicamente, hay poca cosa y te tienes que adaptar. No creo que sea fácil. Aquí en Cantabria hay una beca, pero es muy escasa. La de la Federación Española es muy difícil de conseguir, cuando antes era al menos más asequible. No hay apenas recursos ni ayudas para los deportistas, y en Cantabria ocurre más.

Fuente: Diario Montañés