Fue operada en diciembre de una enfermedad cardíaca y en marzo correrá el Nutri-Grain de Kellogg's Ironman

Samatha Warriner, un corazón a prueba de Ironman

Cuando se encontraba en uno de los mejores de su carrera su corazón dijo basta. Warriner notó que éste se aceleraba y llegaba a ponerse a 230 pulsaciones por minuto.

Samantha Warriner es una de las mejores triatletas de la última década pero en todos estos años de competición cada vez que iniciaba una carrera estaba coqueteando con la muerte.

 

La neozelandesa logró ser una de las grandes de la distancia olímpica, no obstante ganó la Copa del Mundo de la Itu en 2008, tras su exitosa carrera en esta disciplina se pasó a los 70.3. Aquí continuaron sus éxitos al ganar en 2009 el Ironman 70.3 de Geelong (Australia) y el de Puerto Tauranga (Nueva Zelanda) con un tiempo récord pero comenzaron a aparecer problemas en su corazón.

Cuando se encontraba en uno de los mejores de su carrera

 su corazón dijo basta. Warriner notó que éste se aceleraba, llegaba a ponerse a 230 pulsaciones por minuto, y se hizo unas pruebas en médicas en Nueva Zelanda. Los resultados dijeron que la única solución era la cirugía, una palo muy duro para una triatleta de élite. "Fue frustrante. Me sentía como si estuviera volando esta en mi mejor momento. Yo notaba que me agotaba más que las otros triatletas. Notaba que cuando entraba en la meta mi color era blanco y pálido y el de ellos no. Empecé a buscar razones de mi cansancio y decidí hacerle las pruebas", afirma Warriner.

La neozelandesa entró en quirófano el pasado 1 de diciembre para someterse a una operación con láser. Lo que resulta increíble es que Warriner ha anunciado que ya se encuentra preparada para volver a competir y que se encuentra mejor que nunca, que antes sus pulsaciones en reposo eran de 44 y ahora son de 38.

Si esta recuperación podría formar parte de la épica deportiva, se ve acrecentada ya que su regreso será en un distancia Ironman el 5 de marzo, el Nutri-Grain de Kellogg's Ironman en Taupo, sólo 14 semanas después de su operación. "Me han asegurado que no hay peligro. Nunca me dijeron que no podría volver a competir que no a competir. Voy a usar un medidor de ritmo cardíaco y este me dirá si me tengo que detener. Lo que tengo que controlar es que no supere las 150 pulsaciones por minutos, las mismas que tenía en competición antes de la operación"

Warriner se mostró ilusionada a la vez que realista en su salto a la distancia ironman. "Es un poco intimidante este salto, pero ya fue complicado pasar de la olímpica al 70.3. No tengo grandes expectativas, lo único que sé es que estoy encantada por volver a las carreras", afirma la neozelandesa.