"Señor Mccormack ¿quién ganará Hawaii, Mark Allen o Dave Scott?
En el instituto la señoraMills era una de mis profesoras favoritas, daba literatura inglesa, pero nuncaentendió que la inspiración no sólo puede venir por lo que escribíaShakespeare. Le encantaba la literatura pero no compartíamos la misma pasión
En medio de una clase, laseñora Mills me sorprendió leyendo la revista Triathlete. Para los que nos gusta el triatlón eramuy valioso tener esta revista en los80. Era lo que llamamos deimportación y muy pocas tiendas en Australia las tenían. Si la conseguías lacuidabas como una reliquia de la familia. Tenía la de agosto de 1988 y laconseguí a través de mi mejor amigo, Sean Maroney. Sean se la cogió prestada asu hermano Mick y aprovechamos paracogérsela, leerla en la escuela, hacer unas fotocopias y devolvérsela antes deque se diera cuenta. En esemomento la revista era la cosa más valiosa que poseía. Triathlete era nuestra biblia para satisfacernuestra obsesión: el triatlón.
Despuésde pillarme con la revista y echarme la bronca, la señorita Mills me envió a laoficina del director con una nota indicando el incumplimiento de las normas queyo había cometido. La nota decíasimplemente, "Lectura de material inadecuado en clase".
Ira nuestro director no era ninguna broma. Habíauna gran cantidad de mitos urbanos que rodeaban el carácter severo del Sr.Coleman. Todos tratábamos deevitarle, yo estaba bastante asustado con esta reunión.
Cuandome llamaron a la oficina se presentó el Señor Coleman con la nota de la profesoray se puso delante de mí con la cabeza agachada. "¿Tiene usted lo queestaban leyendo en clase, señor McCormack?", Dijo con severidad-.
"Sí,señor", respondí tímidamente y le entregué la revista.
Miróla portada, la contraportada y luego leyó varias páginas. Hizo una pausa por un segundo en unade las imágenes. El silencio eraensordecedor. Yo estaba empezandoa sudar.
Levantóla vista de su escritorio y me miró a los ojos."¿Triathlete? ¿De dónde la has sacado? ", exigió.
"Señor, es la ediciónde agosto de la revista Triathlete de los EE.UU. No se puede comprar aquí en Australia. Es la revista de mi amigo, señor. Sé que no debería haber estado leyendoen clase, pero no es mi revista, señor. Nola puede confiscar. Tengo que devolverla esta tarde después de la escuela. "
"¿Eseso cierto?", Respondió rápidamente. "¿Eseso cierto?"
Élno le quitaba los ojos de mí. Recuerdoque pensé: "Estoy en problemas. Voyva perder esta revista y no sé cómo voy a explicarlo. Por encima de todo teníaque conseguir que me la devolviera”.
"Larevista se queda aquí, vuelva uested después de la escuela y veremos quéhacemos. Ahora regrese clase yconcéntrese en la tarea ", dijo con calma el director.
Decirque estaba en estado de shock sería un eufemismo. Cuando me iba, el director me llamó denuevo, me di la vuelta y me dijo "Señor McCormack, una última cosa”. Me loolía, ahora llega el castigo de verdad.
"Sí,señor?", Respondí tímidamente y de repente surgió la pregunta: "Entonces,¿Cuál es tu elección para Hawai este año Dave Scott o Mark Allen?".
Cuando terminó la frase estabasonriendo de oreja a oreja con una mirada de aprobación en sus ojos. "MarkAllen con seguridad." Respondí con confianza, y me di vuelta y salí de suoficina con una sonrisa.
Es irónico cómo nos hacejugar la vida a veces. Mi sueñocumplido fué cuando salí por primera vez en portada de Triathlete. Pocos meses después me encontré con elSr. Coleman en un triatlón y me pidió firmar la revista con una dedicatoria. Leescribí “Para el director Coleman, no voy a leer material inadecuado enclase".
Fuente: Triathlon Competitor