"Cuando Luis Enrique me pidió que le entrenara para bajar de 3 horas en maratón no esperaba a un multimillonario que quisiese, supiese y necesitara sufrir así"
Dicen que hay dos tipos de futbolistas, aquellos que nacen dotados para llegar a la elite y que se toman su deporte solo como una profesión y otros que nacen dotados para ser profesionales y son unos apasionados del deporte. Luis Enrique, actual seleccionador español del fútbol es de los segundos como recuerda Víctor Gonzalo, el entrenador que le ayudó a conseguir bajar de 3 horas en maratón cuando el asturiano se retiró del fútbol profesional y que moldeó al deportista de resistencia que luego fue capaz de cruzar la meta en un Ironman en poco más de 10 horas.
Víctor Gonzalo recuerda la ambición del seleccionador español de fútbol "Luis Enrique me dijo que quería bajar de las tres horas en el maratón. Me pidió que le ayudase y, desde el principio, me llamó la atención la voluntad de ese hombre. Tenía esa ambición que le permitió una dedicación casi exclusiva durante años en los que vivió para ella y para su familia".
Luis Enrique se permitió ese lujo tras retirarse del fútbol. "Algo que sería un sueño para cualquier trabajador él pudo ejecutarlo durante años y es verdad que yo me integré en esa vida suya como su entrenador. Nos levantábamos y quedábamos para correr. Le pasaba los planes de entrenamiento, los ritmos, las series, todo. Recorrimos la provincia de Barcelona: íbamos al Canal Verde de Olot, a la carretera de las Aguas, a los circuitos de montaña de Mataró…".
"Como una persona anciana"
El entrenador remarca la determinación de Luis Enrique: "Él era un hombre tajante, duro, al que nunca le valía el término medio. No le gustaba decir 'bueno, lo dejamos para mañana'. Por eso me sorprendió. Porque a lo mejor, yo no esperaba ese tipo de hombre. No esperaba a ese multimillonario, que supiese sufrir, que quisiese sufrir y que hasta necesitase sufrir. Su vida de futbolista había pasado, pero su mentalidad de deportista no se había agotado. No sabía vivir sin ella. Creo que por eso el día que bajó de las tres horas en el maratón, Luis Enrique pasó página. Se dedicó al Ironman y, una vez que lo logró, empezó de entrenador. Recuerdo que me decía que desde muy niño aprendió que en la vida hay que tomar decisiones. Tuve muchas horas de conversación con él. Lo conocí de veras. Hizo muchas cosas desinteresadas por mí como acompañarme a reuniones para encontrar patrocinadores para la tienda en la que yo trabajaba. Un día escuché a Luis Enrique decir que el lunes después de un partido se levantaba casi como una persona anciana peor que después de un ironman o un maratón en 3 horas".
Sin embargo, trabajar con aquel Luis Enrique no era tan fácil. "En general, se resentía bastante de los tendones. Tenía los Aquiles muy machacados". A su lado, Víctor entendido que no era sencillo ser futbolista. "Escuchando a Luis Enrique encontré motivos suficientes. Entendí la exigencia de esa vida, sobre todo cuando nos decía: '¿pero es que vosotros no os dais cuenta de la velocidad a la que va el balón'?', y no sólo eso, sino que dentro del grupo de entrenamiento, a los que le decían que los futbolistas entrenaban poco, Luis siempre contestaba: '¿entonces por qué no os metéis a futbolistas?'".
Víctor, incluso, encontró la comparación "entre la agonía de un maratón y la de un partido de fútbol. Fue ese día en el que escuché a Luis Enrique decir que el lunes después de un partido se levantaba casi como una persona anciana por la cantidad de golpes, de impactos, incluso peor que el día después de correr un maratón hasta que podía poner el pie en el suelo. Me dejó marcado".
Al final consiguió bajar de 3 horas en Florencia
El corazón de Luis Enrique siempre habrá un sitio para los 42,195 kilómetros. "Nunca se me olvidará el maratón de Amsterdam. Yo era su liebre y le faltaron veinte segundos para bajar de las tres horas. En el último kilómetro, nos pasó un directivo de Nike, que se había preparado con nuestro grupo y cuya disciplina de entrenamiento no tenía nada que ver con la de Luis Enrique". Pero el maratón puede ser así de perverso. "Cuando llegaba a meta, Luis, sin embargo, no se reprochaba nada. Sabía que lo había dado todo. Antes de Amsterdam, lo intentó en Nueva York y tampoco pudo lograrlo. Tenía esa mentalidad. Sabía que las cosas casi nunca se logran a la primera. Por eso ahora le imagino inteligente en el Barcelona cuando las cosas no le vayan bien. Luis Enrique era muy exigente consigo mismo. Siempre se pedía más. Pero una vez que se quitaba el dorsal sabía que había otra vida que no se podía dejar de disfrutar, porque la vida pasa muy rápido. Tenía ese equilibrio y podía hacerlo".
"Fue en el maratón de Florencia cuando bajó de las tres horas. Había aprendido como hacerlo. Y entonces yo casi no tuve que decirle nada en la carrera. Él fue su propio entrenador. "Luis Enrique se dio cuenta de que su viaje en el maratón ya había terminado". Desde entonces, no dejó de ser el de siempre. Primero en el triatlón como finisher en el Ironman, y ahora como entrenador.
Fuente: Público