El ultradeportista barcelonés afirma que en 2007 se arruinó y el deporte le ayudó a superar los malos momentos

Josef Ajram: “Yo no tengo límites pero sí tengo objetivos”

El barcelonés Josef Ajram,hijo de padre sirio y de madre española, narra su experiencia vital como agentede bolsa y triatleta en el libro “No sé donde está el límite, pero sí sé dondeno está”, en donde asegura que "nuestros límites siempre están más lejosde lo que nosotros pensamos".

Ajram, que cubre losmúltiples tatuajes de su cuerpo con un chándal, vestimenta que alterna con unacamisa blanca y pantalón de vestir cuando ejerce de ‘day trader’, o negociantede acciones, y que le da un aire de atractivo gentelman, explica que lostatuajes se los grabó en 22 sesiones y que han crecido “paralelamente” a élmismo.

Josef, de 34 años, recalcaser “una persona responsable, pero sin límites”, como explica en su libro, cuyotítulo tiene tatuado en lengua inglesa, en su torso, como filosofía de vida.Confiesa que su hija Morgana, de tres años, y su pareja Sulaika, su “alter ego”en cada competición, le han hecho entender el mundo de sus padres.

 

Ajram, amante de lascompeticiones más extremas de triatlón, como el Ultraman de Hawaii, y del purovértigo y adrenalina de la bolsa, recalca que “en ambos mundos hay que ser ágily dinámico, consciente de saber hasta dónde puedes llegar y de lo que puedesperder”.

Leva ya 16 años comprando yvendiendo acciones en un día, la actividad más arriesgada de la bolsa y cuyosecreto es muy simple: “Tan solo has de intentar comprar barato y vender caroel mayor número de veces posible en una jornada; lo malo es que el ser humanono está preparado para saber perder poco”.

“Cuando una persona haganando 10.000 euros en un día, tiene que ser capaz de saber perder 200 euroscuando se cierra la persiana", ejemplifica Josef, que entró en el mundo dela bolsa a los 18 años, fascinado por ella desde que en su infancia comprabacasitas en el ‘Monopoly’, su juego preferido.

“La bolsa es muy morbosa,porque has de intentar adivinar lo que va a pasar en el futuro inmediato y esomola, porque te desarrolla un sexto sentido que te hace conocer mejor a laspersonas, saber cuándo alguien está enfadado, aunque no lo demuestre y, de cadapersona, aprendes algo", reflexiona Ajram.

En 2007, Ajram perdió110.000 euros en la bolsa y se arruinó, aunque al día siguiente recuperaba el90 %, una experiencia que le hizo madurar, vender sus cuatro coches, entreellos un Lanborghini y dos Porsche y “comprender que lo más importante en la vidaes la liquidez”, recalca.

 

“Pasé una crisis deconfianza total y comprendí que la acumulación de riqueza es totalmenteabsurda. Es como el caso de Carmen Cervera, que cuenta con el mayor patrimoniocultural de España, pero ha tenido que vender cuadros porque le faltabaliquidez”, ejemplifica.

Ahora se toma la vida conun poquito más de filosofía y dedica al trabajo menos tiempo, aplicando supropio método, que es el que enseña “para poder vivir de la bolsa con una dedicaciónde solo dos horas al día”, comenta sonriente, y recuerda que es muy rico porquees dueño de su tiempo, su “activo más importante”.

Algunas de esas horas lasdedicó al entrenamiento necesario para participar en el Ultraman de Hawaii, sumodalidad de triatlón preferida, una prueba en la que se tiene que enfrentar a 10kilómetros natación y  145 de ciclismo elprimer día; 275 kilómetros de ciclismo el segundo, y un doble maratón, 84kilómetros, en el tercero. Ajram, que ya ha concluido con éxito esta carrera enotras ediciones, se retiró en el km. 27 de la tercera jornada por problemas enel nervio ciático.

 

Ajram resalta que lavelocidad, la capacidad y la energía tienen mucho que ver en sus dosactividades, que “forman un círculo vicioso, ya que la bolsa me ayuda a sermejor deportista y el deporte me hace ser más constante; cuando me arruiné, eldeporte me ayudó muchísimo", enfatiza.

“Yo no tengo límites perosí tengo objetivos; por ejemplo, uno de ellos consiste en poder disfrutar delplacer del sofá cada dos domingos, sin hacer nada más. ¡Y lo aprecio!”,finaliza.

 

Fuente: EFE