Se le conocía como el 'Lance Armstrong' del ciclismo aficionado y fue un caso único en la historia del ciclismo

José Belda, el ciclista amateur que recibió con 37 años una oferta del Movistar para convertirse en profesional

Se cumplen 10 años de uno de los casos más sorprendentes de la historia del ciclismo español. El equipo movistar estuvo a punto de firmar en 2012 a un ciclista amateur de 37 años para reforzar su plantilla ante el asombro de prensa y aficionados. Finalmente todo se torció y quedó en nada debido a la querencia del deportista por acsrcarse a las sustancias prohibidas y nació la leyenda del 'Lance Armstrong' español.  

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El ciclista en cuestión es José Belda, un deportista tardío que comenzó a pedalear con 30 años y que a partir de los 34 se convirtió en un torbellino imparable en el ciclismo máster y las principales marchas cicloturistas de toda España.    

Llego a conseguir 30 victorias en categoría máster en una temporada y fue el primero en cruzar la meta de la Quebrantahuesos en dos ocasiones. A pesar de su edad sus logros suscitaron un enorme interés entre varios equipo profesionales de primer y segundo nivel. Belda era capaz de ganar al sprint, en etapas de montaña y llanear con su 1,86 como los tallos holandeses.  

El primer equipo profesional que sopeso su fichaje fue el Andalucía que le probó unos días en 2011. Luego fueron el Geox y el Movistar, dque fue el que estuvo a punto de firmarle un contrato. Eusebio Unzué necesitaba para completar el puzzle del equipo un corredor con sus hechuras, un percherón para tirar en el llano y llevar al pelotón enfilado. Lo único que echaba para atrás a Eusebio Unzue, mánager del Movistar, era su falta de pericia en los descensos, pero consideraba que era un apartado técnico que se podía mejorar.   

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En 2012 serompió toda posibilidad de fichaje

Inició 2012, de nuevo como amateur, con la posibilidad de ser el debutante profesional más veterano de la historia. Seguía arrasado en categoría amateur y sumando victorias sin parar. Cuando parecía que iba a lograr su sueño como ciclista llegaron los dos positivos que acabaron con la idílica historia del humilde que logra escalar la montaña para coronar como profesional. 

El primer positivo fue de metiltestosterona, testosterona oral, que encontró el Gobierno Vasco en uno de sus controles en la clásica de Loinaz, 148 duros kilómetros con cuatro puertos.  El segundo positivo de ese año fue de ácido ritalínico, que se receta a los niños con síndrome de déficit de atención.   

Esos dos positivos acabaron con su sueño para llegar a profesional y causó una profunda indignación entre las categorías inferiores del ciclismo español, concretamente entre corredores sub-23 y cicloturistas, ya que estaba considerado como un espejo en el que se reflejaban buena parte de los nuevos valores del pelotón y como un ciclista injustamente tratado que no había tenido una oportunidad en el pelotón profesional.