"Entrenaba 5 horas al día, comía solo una vez y engañaba al cerebro comiendo helados de hielo"
El ciclismo moderno se mueve en base a parámetros científicos. Todo está probado y medido al detalle. La nutrición es uno de esos aspectos en los que se ha avanzado de manera radical y ha permitido que el ciclista no tenga que hacer 'salvajadas' como las que relató Óscar Pereiro, campeón del Tour de 2006 en el programa televisivo 'El Chiringuito'.
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"Tenía que bajar unos 9 kilos más o menos"
El ciclista gallego reconoce que su problema, como el de muchos de sus compañeros, radicaba en el exceso de ganancia de peso fuera de temporada: "Tenía que bajar unos 9 kilos más o menos desde el 1 de enero hasta el Tour en julio. Lo que hacía el 31 de diciembre era cambiar mi vida radicalmente. Hasta ese día lo daba todo en la mesa".
En la actualidad los ciclistas no engordan ni cuando están en periodo vacacional a final de año, pero hace dos décadas la vida del ciclista era completamente opuesta: "Tras disputar la Vuelta a España en septiembre y el Mundial comenzaba una vida como persona normal y corriente. Comía lo que quería y bebía cuando me apetecía. A partir del 1 de enero ya estaba pensando en bajar peso".
"Cuando iba medio mareado comía un plátano"
Óscar Pereiro explica su peligrosa técnica de adelgazamiento: "Mi técnica era tras levantarme tomarme un café negro, solo, en ayunas y salía a hacer una hora de bici. Después de esa hora me paraba a tomar un café y una tostada. Al terminar volvía a rodar en bici tres horas y cuando iba medio mareado me comía un plátano, cuando me volvía a marear volvía a comer otro plátano hasta llegar a mi casa. Así aguantaba después sin comer hasta la noche".
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El objetivo de adelgazamiento era tan drástico que el camino para conseguirlo ponía su cuerpo en un gran riesgo: "Si montaba mucho en bici comía una o dos veces al día pero si no con una sola bastaba. A veces para engañar al cuerpo lo que hacía era comer helados de hielo. Entrenaba desde las 10 de la mañana hasta las 3 de la tarde y no comía hasta la noche. Era una salvajada que yo hacía para bajar a los 65 kilos. Yo era capaz de hacerlo pero no se lo aconsejo a nadie"
El problema de dietas tan bárbaras no era solo físico sino también mental: "Esta manera de comer está claro que psicológicamente te mata. Pocos saben lo que es estar luchando con la comida todo el día. Lo que hacía entonces es como el famoso ayuno intermitente que hay ahora".