José Garay, entrenador de 7.000 finishers en la pasada Maratón de Valencia, explica como la "obsesión por el cronómetro" está llevando a muchos corredores populares a dejar este deporte con demasiada antelación

"La gran pregunta que todo corredor popular debería hacerse es si quiere correr rápido este año o seguir corriendo y disfrutando dentro de diez años"

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La creciente obsesión de los corredores populares por buscar mejorar sus marcas a toda costa está llevando a que muchos de ellos se frustren y se lesionen en exceso. La tasa de abandono del running está creciendo por buscar en exceso las marcas en lugar del dusfrute.

José Garay, entrenador de 7.000 finishers en la pasada Maratón de Valencia, explica como la "obsesión por el cronómetro" está llevando a muchos corredores populares a dejar este deporte con demasiada antelación. En un artículo en el diario Las Provincias expone los errores y da la solución para no arruinar demasiado pronto una afición que puede alargarse muchos años:

En el universo del corredor popular hay un mantra que se repite una y otra vez. Los corredores se marcan objetivos en muchas ocasiones muy ambiciosos y poco realistas. Algunos de ellos seguro que os resultan familiares. Bajar de 40' en 10K, hacer su mejor media maratón y poco a poco, entran en una espiral obsesiva de entrenar exclusivamente para bajar sus marcas. Sinceramente, no conozco a ningún corredor, que cada vez que se pone el dorsal hace marca personal. La consecución de un logro tan extraordinario depende de muchos factores y no siempre se dan estas condiciones el día de la competición. Los corredores entrenan con ilusión durante semanas o meses. Llega el día de la carrera, lo dan todo, pero la marca no sale. Quizá se quedan cerca. Quizá se quedan lejos, pero en lugar de parar, analizar y reajustar, deciden que la solución es sencilla. Más kilómetros. Más días. Más intensidad. Menos descanso. Muchos de ellos deciden entrenar más y ahí empieza el problema.

La trampa.

La marca es un dato objetivo. Es medible, comparable y fácil de compartir. Nos permite decir he mejorado o he empeorado en una sola cifra. Y eso la convierte en una poderosa fuente de motivación, pero también en una trampa peligrosa. Muchos corredores populares acaban asociando su valor como deportistas, es decir, éxito o fracaso, a un número en el cronómetro. Si el tiempo no mejora, sienten frustración, enfado e incluso culpa. Empiezan a pensar que no han entrenado lo suficiente, que no han sufrido lo bastante o que algo más deberían haber hecho. El problema es que el cuerpo no funciona como una base de datos. No tiene energía ilimitada, ni tan siquiera energías renovables. Sufre desgaste y cansancio. No siempre responde a más estímulo con más rendimiento. A veces responde con fatiga, bloqueo o lesión.

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Más entrenamiento no siempre es mejor entrenamiento.

Cuando una marca no sale, la reacción más habitual es aumentar la carga: añadir una sesión extra, alargar los rodajes, apretar más en las series o reducir los días de descanso. Desde fuera puede parecer lógico, pero fisiológicamente suele ser justo lo contrario de lo que se necesita. El rendimiento mejora cuando hay un equilibrio entre estímulo y recuperación. Si el estímulo es excesivo y la recuperación es insuficiente, el cuerpo entra en un estado de fatiga acumulada. Paradójicamente, cuanto más se entrena en este estado, peor se corre. Algunas consecuencias de esta situación son las siguientes:

• Las piernas pesan más de lo normal.

• Las pulsaciones suben para ritmos antes cómodos.

• El sueño empeora.

• Aparece irritabilidad o apatía.

• La motivación baja.

El error de no analizar.

Otro de los grandes problemas es la falta de análisis tras una carrera fallida. En lugar de preguntarse por qué no salió la marca, muchos corredores pasan directamente al qué hago ahora. Y casi siempre la respuesta es entrenar más duro. Pero una marca puede no salir por cientos de motivos que no tienen que ver con la falta de esfuerzo.

• Ritmo de salida demasiado rápido.

• Mal descanso las semanas previas.

• Estrés laboral o personal.

• Calor, viento o recorrido exigente.

• Falta de experiencia táctica.

• Pico de forma mal ajustado.

La frustración como motor.

La frustración no es negativa en sí misma. Puede ser un motor de cambio y aprendizaje. El problema aparece cuando se convierte en el único combustible. Correr enfadado con uno mismo, entrenar con sensación de deuda permanente o sentir que nunca es suficiente, desgasta mentalmente. A largo plazo, muchos corredores no abandonan por lesiones físicas, sino por agotamiento emocional. Cuando cada entrenamiento se vive como un examen y cada carrera como un juicio, el disfrute desaparece. Y sin disfrutar, correr deja de ser sostenible.

Volver a poner el foco donde toca.

La solución no pasa por renunciar a las marcas, sino por ponerlas en su contexto adecuado. El registro en el marcador es una consecuencia, no un objetivo aislado. Algunas ideas clave para cambiar el enfoque:

1. Objetivos de proceso, no solo de resultado.

En lugar de fijarte únicamente en una marca final, define objetivos de proceso:

• Cumplir un porcentaje alto del plan.

• Dormir mejor durante el ciclo.

• Mejorar sensaciones en determinados ritmos.

• Llegar a la carrera con ganas y energía.

Si solo miras el resultado, todo lo demás pierde valor.

2. Escuchar más al cuerpo (y menos al ego).

Aprender a identificar señales de fatiga es clave. A veces la mejora llega cuando se baja el volumen, se descansa bien y se asimila lo ya trabajado. Descansar no es perder el tiempo. Es parte del entrenamiento.

3. Periodizar de verdad.

Muchos corredores populares encadenan ciclos duros sin descanso real entre ellos. No hay fases de descarga, ni semanas más suaves, ni momentos para correr sin presión. El cuerpo necesita altibajos para adaptarse. Entrenar siempre al límite te mantiene lejos de tu mejor versión.

4. Analizar las carreras con perspectiva.

Una mala carrera no define una temporada ni a un corredor. Analizar en frío qué pasó, qué estaba bajo tu control y qué no, permite aprender sin castigarse. No todo se resume en el tiempo final. Preguntas útiles después de una carrera:

• ¿Llegué descansado?

• ¿Fui inteligente en el ritmo?

• ¿Cómo fue mi semana previa?

• ¿Qué sensaciones tuve realmente?

El papel del entrenador (y del entorno).

Entrenadores, grupos de corredores y redes sociales también influyen mucho en esta obsesión. Compararse constantemente con otros o sentirse presionado por marcas ajenas añade una carga extra. El apoyo adecuado puede marcar la diferencia entre progresar o quemarse. Un buen entorno debería ayudar a:

• Normalizar los días malos.

• Valorar el esfuerzo más allá del resultado.

• Entender que cada proceso es individual.

• Celebrar la constancia, no solo los récords.

Correr a largo plazo.

La gran pregunta que todo corredor popular debería hacerse es la siguiente:

¿Quiero correr rápido este año o quiero seguir corriendo dentro de diez años? La obsesión por la marca suele hipotecar el largo plazo. Lesiones recurrentes, saturación mental y pérdida de motivación son el precio de no saber parar a tiempo. Correr bien no es solo entrenar duro. Es entrenar con inteligencia, paciencia y respeto por el propio cuerpo.

El cronómetro es una herramienta, no un juez. La marca es información, no una sentencia. Cuando un corredor aprende a interpretar lo que su cuerpo le dice y a aceptar que el progreso no es lineal, todo cambia. A veces, el mayor salto de rendimiento no llega cuando entrenamos más, sino cuando aprendemos a entrenar mejor. Y, sobre todo, cuando recordamos por qué empezamos a correr. Porque al final, el mejor tiempo no siempre es el que marca el reloj, sino el que somos capaces de sostener durante años, disfrutando del camino.