Kristian Quintans, el reponedor de supermercado de lunes a sabado que es capaz de acabar en 8:23 en un triatlón de distancia ironman
Querer es poder es un tópico que algunos se toman muy a pecho. Uno de ellos es Kristian Quintans, un bilbaíno con mucho trabajo, poco descanso pero mucha ilusión por competir en triatlón de larga distancia.
La vida de este bilbaíno es complicada en cuanto a tiempo disponible para poder entrenar un reto tan exigente como un triatlón de distancia ironman. sin embargo, no solo acaba este tipo de pruebas, que ya es meritorio, sino que es capaz de ganar y, además, con un registro tan espectacular como 8:23.
Hace unos días, con 35 años y haciendo malabares para entrenar, se consagró como triatleta de larga distancia tras ganar de manera brillante el Ican de Gandía de distancia ironman. Este éxito se une a la medalla de bronce en el Campeonato de España de triatlón de larga distancia en Salamanca y la cuarta plaza en en el Bilbao Night Marathon en 2021.
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Kristian trabaja como reponedor en un supermercado de lunes a sábado, está de pie la mayor parte de las 8 horas de trabajo y llega muy cansado a su casa. sin embargo, su ilusión es tan inmensa que se sacrifica por su objetivo deportivo. "Para mí, el deporte lo es todo, es lo que me hace feliz y me ayuda a cuidarme el día a día. Hay que tener disciplina y llevar una vida centrada y organizada. Trabajo de lunes a sábado y como solo puedo librar unos pocos sábados al año me cuesta ir a más carreras, porque ahora la mayoría las programan ese día", apunta el triatleta vasco.
"Le quito tiempo a mi familia y este año solo he descansado dos días"
Kristian Quintans derrocha ilusión: "Quitando tiempo a mi familia y dejando de estar con mis padres, hermanos y sobrino Este año solo he descansado dos jornadas y porque estaba enfermo. En bicicleta suelo ir por Vitoria, Gernika o Castro y los entrenamientos más importantes para Gandía fueron por la carretera nacional hasta Durango. Necesitaba terreno llano".
El día de su primera victoria en un triatlón de larga distancia desde que se despertó y empezó el calentamiento tuvo sensaciones muy buenas: "Desayuné después de calentar y me dirigí a la zona de transición para preparar todo. Cuando me di cuenta estábamos en el puerto para lanzarnos al agua. En la salida intenté salir fuerte para coger a algún grupo, pero cuando quise darme cuenta me había quedado. No sabía cómo iba, ni si estaba nadando bien. Al salir del agua me dijeron que iba el sexto a menos de seis minutos del líder".
Había conseguido salvar los muebles en el sector que peor se le daba. Cogió la bicicleta y enseguida se puso tercero. Ya tenía la carrera donde quería. En el primero de los puntos de giro recortó tiempo a los líderes. Las cosas iban bien. Hasta que antes del kilómetro 100 dio caza a los dos primeros. Una vez se puso primero, decidió subir el ritmo para abrir hueco y "que no pudieran seguirme, para llegar a la última transición con más de cuatro minutos de ventaja. Una vez ahí, me lo tomé con un poco de calma para no tener sustos durante la carrera a pie, que ese sí es mi punto fuerte", sostiene un atleta al que se le puede ver entrenando cada día por la ciudad".