"Hay que ser un bombero de cuidado extremadamente torpe para que te pillen dopado en una marcha cicloturista o en ciclismo master"
Cada vez hay más cicloturistas y ciclistas máster deciden echarse en brazos del dopaje para conseguir mejorar en pruebas en las que solo ganan autoestima y amigos. Sebastian Sitko, Máster en alto rendimiento, explica el sinsentido que es buscar esa ventaja sin medir los terribles efectos secundarios a los que se exponen.
Varios de mis deportistas me escribieron un día al unísono para darme la noticia de que el “ganador” de la Quebrantahuesos había dado positivo. Lo cierto es que me había enterado hacía semanas a través de mis canales internos pero, como buen samaritano, había que ser discreto hasta que la noticia saltara en los medios. No os voy a engañar y debo decir que sentí cierto regocijo al recordar cuando, tras un breve repaso de los datos de la milagrosa escapada del ganador en la edición del 2018, manifesté en mi círculo íntimo que estaría mejor corriendo con los de su mismo nivel por esas mismas montañas en el mes de julio en lugar de junio. Mejor aún, dije, estaría como pez en el agua en la Volta a Portugal. Obviamente, provoqué las carcajadas de los allí presentes. No obstante, sabía de lo que hablaba.
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En primer lugar me gustaría felicitar a la federación de ciclismo de Euskadi. Los que nos dedicamos a esto sabemos que un test de detección de Eritropoyetina Humana Recombinante (rEPO) cuesta unos 300 euros. Demasiado dinero para intentar cazar a uno que es conocido en su casa y a la hora de comer y participa en carreras de pueblo, sobre todo faltando dinero para hacer tests en el circuito profesional continental. Teniendo además en cuenta que la ventana de detección de la rEPO es de tan sólo 9 horas nos da todo como resultado una actuación de una profesionalidad envidiable. De nuevo, enhorabuena porque obviamente se ha tratado de un test estratégico y premeditado. A raíz de esto, me gustaría hacer una serie de reflexiones:
Que a día de hoy des positivo participando en el circuito máster y cicloturistas (= casi 0 controles) y además por una sustancia como la rEPO (ventana de detección, como he dicho, de 9 horas) y en un control en plena competición (implica haberte inyectado antes de la salida) no es sólo propio de un bombero de cuidado sino que además es extremadamente torpe. No exagero si digo que me siento con plena confianza para pasar 50 controles aleatorios de rEPO durante una temporada (los que puede pasar un ciclista como Sagan o Froome) mientras me pincho microdosis y estar seguro de no dar positivo. Lo digo para que vean lo extremadamente torpe que hay que ser en estas circunstancias para dar positivo, por mucho que el control sea estratégico como ha sido el caso.
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La segunda reflexión va referida al dopaje en general. Creo que todos coincidiréis conmigo en que el ciclismo en todas sus categorías hace ya muchos años que perdió cualquier tipo de credibilidad, que nunca va a recuperar. No voy a ser yo el que ponga el grito en el cielo por un positivo más, la naturaleza humana es así: competitividad, cuchilladas traseras y trampas por ganar reconocimiento, fama y dinero.
Dopados en pruebas con un speacker y dos jubilidos en meta
Aquí es donde llega mi reflexión, ya que puedo llegar ver por qué un profesional que se está jugando un contrato de 100.000 euros y sin alternativa laboral clara decide hacer trampas para conseguir salvar su futuro en una situación de desesperación. Tal como digo es una solución que nunca apoyaría pero podría ponerme en su piel. Lo que no me explico es cómo alguien aumenta en un 300% sus posibilidades de sufrir una neoplasia a 10 años vista o directamente arriesga un ACV en plena carrera por ganar una prueba en la que, literalmente como he visto en algunos casos, en línea de meta están presentes el speaker, dos jubilados que pasaban por ahí y los jueces árbitro. Por desgracia, los números son muy alarmantes.
Sabemos que casi el 10% de los participantes en la Quebrantahuesos admite en una encuesta anónima que se dopa para la prueba. Teniendo en cuenta que en las encuestas hay una proporción importante de participantes que miente y que no se evaluó de manera aislada a, por ejemplo, participantes que bajaran de las 6h, podemos temer resultados bastante superiores entre los que se lo toman “en serio”. Mientras tanto, en dos ocasiones me ofrecí a la organización de la QH para dar una charla sobre dopaje antes de la carrera. Las dos veces, declinadas. Que la feria de los monstruos continúe.
Tampoco esperen un comunicado de la organización al respecto al dopaje. Hace años que dije que el dopaje nunca va a desaparecer de un deporte en el que tiene la capacidad de convertir un burro en un caballo de carreras (en ciencia hemos visto cómo un FTP de un deportista que no da más de sí pasa de 330 a 374w en tan sólo 4 semanas de un ciclo de rEPO, la diferencia entre ser uno más y el mejor). De hecho, la llegada del dopaje genético propiamente dicho va a cambiar el cómo conocemos el deporte.
No entrenar a tramposos
Mi tercera y última reflexión va orientada hacia la censura. No ya sólo del afectado, que bastante tiene con lo que tiene (ha perdido todo lo que más le importaba de este mundillo, la reputación y la “fama”) sino sobre todo de la gente que hay detrás. Siento tener que decirlo pero esta gente tiene preparadores físicos que o bien no tienen ni idea, o se hacen los tontos o están de acuerdo con el “programa”. Siempre recibo una mueca rara cuando estoy haciendo los trámites para incorporar a un nuevo deportista a mi lista y le solicito una serie roja completa (para precisamente prevenir que me esté tomando el pelo), además si compite la analítica será trimestral.
En varias ocasiones he recibido negativas y he declinado la posibilidad de entrenar a estas personas porque, evidentemente, el que calla otorga. Cualquier entrenador con un mínimo de formación puede detectar lo que, en un caso como este, era a todas luces visible. Así que mi crítica no va encaminada sólo al afectado sino a todo el entramado que hay detrás (con esto incluyo a los servicios médicos en el caso del profesionalismo).
En días como hoy me gusta recordar a algunos de mis deportistas aficionados. Uno de ellos compite en la categoría máster buscando huecos de una hora en el rodillo tras pasarse ocho horas arando campos. Otro, quita horas centrales del día que tiene disponibles para comer con el fin de entrenar un poco y poder bajar de las seis horas y media en la Quebrantahuesos. Objetivos humanos, de gente humilde y trabajadora que busca la satisfacción personal que viene tras el trabajo duro y la autosuperación. Todos ellos, son los verdaderos campeones.