Tras el sorprendente récord mundial de 2:09.56 en Chicago, la Agencia Mundial Antidopaje activó un plan para cazarla que acabó con éxito y una insólita justificación de su trampa

La plusmarquista mundial de maratón señala a la limpiadora de su casa como el camello que le proporcionó sustancias dopantes

Pocos se creyeron que el extraordinario récord mundial de maratón femenino conseguido en octubre de 2024 en chicago por Ruth Chepngetich era fruto del talento y un entrenamiento perfecto. La atleta keniata fue la primera en bajar de 2:10 (2:09.56) y rebajó en casi cinco minutos su mejor marca personal. Una gesta excesiva que levantó enormes sospechas.

Ese récord, además, llegaba de la mano de una atleta representada por Federico Rossa, el mánager con más estrellas sancionadas por dopaje, por lo que desde la Agencia Mundial Antidopaje se encendieron las alarmas y se decidió diseñar una estrategia para cazar como fuera a Chepngetich.

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La AMA decidió 'acosar' a la atleta y perseguirla sin descanso para demostrar que sus logros no llegaban de una manera limpia. En solo cuatro semanas de marzo de 2025, Chepngetich fue sometida a seis controles de todo tipo, de orina, de sangre, de pasaporte biológico. 28 de febrero, seis de marzo, nueve de marzo, 14 de marzo, 19 de marzo. 26 de marzo. 

En esa sucesión incesante de controles antidopaje finalmente se encontró lo que se buscaba. El 3 de abril, el laboratorio de Lausana encontró una sustancia que demostraba que la atleta keniata era una tramposa En la orina de la maratoniana se había encontró hidroclorotiazida (HCTZ) en muy alta concentración (3.800 nanogramos por mililitro). La HCTZ no es un producto dopante en sí, sino un diurético que al acelerar la eliminación de líquidos le permitía borrar de su organismo los metabolitos de anabolizantes y otras sustancias prohibidas a toda velocidad.


Su ordenador y su móvil contenían información sospechosa

Cuando a la atleta keniata se le comunicó ese positivo se quedó paralizada y sin entender cómo era posible que esa sustancia hubiese llegado a su cuerpo. La atleta había entregado su móvil y su ordenador portátil a los investigadores. En esos dispositivos se encontraron mensajes que señalaban claramente su culpabilidad, ya que aparecían fotos de frascos de anabolizantes, preguntas sobre cómo tomarlos, textos de unos misteriosos desconocidos que le hablaban de “programas” y otros datos sospechosos. Ella habló de que eran mensajes que le habían llegado por error, que no eran para ella, que no sabía nada.

En el pasado mes de julio la plusmarquista mundial recuperó la memoria y recordó que en marzo de 2025 se encontraba mal y al escuchar lo que sentía, la limpiadora de su casa le aconsejó tomar una pastillas que le había recomendado un farmacéutico que a ella le había solucionado un problema similar. Chepngetich afirma que se aceptó el ofrecimiento y se tomó esas sustancia sin ningún objetivo de mejorar su rendimiento, sino para solucionar un problema de salud.

La explicación, más que exonerarla, la condenó. “Tenemos reservas sobre su credibilidad. Esto parece más bien una explicación post facto para intentar que no sigamos investigando el material hallado en tu teléfono. De todas formas, aunque te creamos esto no te vale de nada. La conducta que has descrito es de una gran imprudencia y nos vale para considerar que te has dopado intencionadamente, aunque de una forma indirecta”, explican desde la AMA.

La Unidad para la Integridad del Atletismo (AIU) finalmente ha decidido imponer una sanción de tres años a Chepngetich en lugar de cuatro, después de que la atleta keninana admitiese haber infringido la normativa antidopaje.