El campeón mundial de maratón reflexiona sobre las consecuencias de ciertos esfuerzos y cree que en su caso debió “vender el alma al diablo” para seguir corriendo sobre 2:30 en maratón con 62 años

Martín Fiz da gracias por no ser como esos maratonianos de su época "que a su edad, sin llegar a estar en una silla de ruedas, están llenos de artrosis en rodillas, caderas...”

Martín Fiz reconoce que es un privilegiado ya que sus rodillas le han permitido aguantar casi 300.000 kilómetros en sus años como maratoniano profesional y aficionado.

Martín Fiz es uno de los mejores maratonianos de la historia y uno de los pocos que pueden presumir de seguir haciendo gestas con 62 años. El atleta vitoriano se proclamó campeón del mundo en su etapa como profesional pero como corredor popular es el único que ha conseguido ganar los ‘six majors’ en su grupo de edad.

Martín Fiz tiene claro que todos los maratonianos sufren algún tipo de obsesión con esta distancia, una obsesión que les engancha al nivel de cada uno.

“El maratón, cada uno a su nivel, obsesiona de veras. Ahora ya no salgo a morir, sino a dominar la agonía del maratón, algo que siempre se me dio muy bien. Mi cuerpo nació para eso”, comenta el laureado atleta español.

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Martín Fiz reconoce que es un privilegiado ya que sus rodillas le han permitido aguantar casi 300.000 kilómetros en sus años como maratoniano profesional y aficionado, algo de lo que no pueden presumir muchos atletas de su generación que están llenos de artrosis en rodillas, caderas…

Mi cuerpo no sabe vivir sin correr. No valgo para engordar y en el fondo soy un afortunado. Hay atletas de mi generación que, sin llegar a estar en una silla de ruedas, están llenos de artrosis, rodillas, caderas.... Sin embargo, debe ser que yo vendí mi alma al diablo, porque la musculatura todavía me responde muy bien. sólo necesita que le conceda algo más de tiempo para recuperar”, comenta el campeón del mundo de maratón.

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Martín Fiz también reconoce que ya han pasado esos tiempos en los que entrenaba 200 kilómetros a la semana y tenía y tenía una dictadura con la dieta.

Ahora ya no paso de los 100 kilómetros a la semana, porque ya no puede ser como antes, no nos podemos detener frente al tiempo. Tengo que vivir; tengo que trabajar, escribir, viajar, dar conferencias y no quejarme, no quejarme nunca porque soy un privilegiado que vive de lo que me gusta. Tampoco soy ya estricto con la dieta, sin ir más lejos, ayer cené un par de huevos fritos con chorizo. En otra época hubiera sido inconcebible”, comenta el atleta vitoriano.

Fuente: Público